Compañero
Raúl,
Compañeras y compañeros
"[Ella] no recorre más con sus pasos de pájaro alegre, los
caminos que ayudó a construir con la llama de sus ojos y el fuego de
su sueño. Alma de esta Casa, bandera de su pueblo, su vida y su obra
perduran y permanece intacta su luminosa esperanza. Quiero que mis
primeras palabras sean para ella, para mi amiga Haydée Santamaría."
Con estas palabras de Thiago de Mello inició las suyas el pasado
2 de febrero el compañero Roberto Fernández Retamar. Quiero sumarme
al homenaje de ambos a una mujer irrepetible que tanto amor dio a
todo lo que hizo y aquí dejó su más hermosa obra. Esta será siempre
su Casa, a la que entregó su inagotable capacidad de amar y su
rebeldía generosa y pura. Porque Yeyé nunca la abandonó, la Casa
cumple hoy sus primeros cincuenta años.
Julio Cortázar afirmó en 1980 que "la labor de la Casa de las
Américas asume una significación que ningún elogio podría abarcar y
que sobrepasa largamente su breve vida institucional". ¿Cómo
intentar abarcarla ahora, casi tres décadas después, si esa labor no
deja de crecer, y se extiende a otras áreas con una creatividad
siempre renovada?
La Casa de las Américas fue una de las primeras instituciones
fundadas por la Revolución en 1959. Su creación en fecha tan
temprana es testimonio del genio previsor y el imbatible optimismo
de Fidel. Ya el Imperio se empeñaba en aislar a Cuba para preservar
su dominio continental, y acá se diseñaba un proyecto de dimensión
utópica que buscaría unir las manifestaciones culturales de todos
los pueblos americanos. Parecía entonces un sueño irrealizable.
Para alcanzarlo Haydée convocó a lo mejor de la intelectualidad
cubana y atrajo amigos en América Latina y más allá. No faltaron los
que se atrevieron a soñar, en tiempos difíciles, preñados para
muchos de riesgos y amenazas. ¿Podría alguien hablar de esta Casa
sin rendir tributo emocionado a Roque Dalton, a Víctor Jara y a
otros que la acompañaban desde la clandestinidad, la guerrilla o el
exilio?
Al celebrar este aniversario comprobamos que aquellos soñadores
en verdad eran heraldos del mundo que advendría. Hoy América Latina
y el Caribe viven una época nueva que se acerca a la utopía
fundadora.
Hacia ella avanzamos con paso seguro, animados por la brega de
nuestros pueblos en la que no ha sido poca la contribución de esta
Casa.
Su premio literario tiene un poder de convocatoria que aumenta
cada año y es galardón especialmente apreciado por su intachable
trayectoria de estímulo al mérito verdadero, abundante entre sus
jurados y concursantes. La lista de ambos sería demasiado larga.
Menciono a Rigoberta Menchú que se dio a conocer aquí con su
conmovedor testimonio.
Ahora mismo, otro amigo, Eduardo Galeano, es descubierto por
millones por un libro de valor excepcional que le fue reconocido
aquí y sólo aquí en 1971.
La Revista Casa de las Américas, abarcadora, incluyente, sigue
fiel a su sorprendente fecundidad. ¿Cuántas revistas culturales en
Nuestra América alcanzan medio siglo de existencia? ¿Cuál otra
sobrevivió a las penurias materiales y a la hostilidad y el odio que
han perseguido siempre a este pequeño país asediado?
El Premio y la Revista se multiplican en otras publicaciones y en
un Fondo Editorial que ya nos ha ofrecido mil títulos. Todos ellos y
muchos otros hallan numerosos lectores en la Biblioteca José Antonio
Echeverría que atesora cerca de cien mil títulos y más de ocho mil
publicaciones periódicas.
Se acercan a la Casa también, cada día, miles de visitantes de
sus páginas electrónicas. Quienes tienen la suerte de residir acá
disfrutan de excelentes colecciones en sus tres galerías de arte y
de muy notables muestras del arte popular americano como este Árbol
de la Vida que nos cobija siempre en esta que no por gusto es la
Sala Che Guevara.
Esta es también la Casa de la Música con sus conciertos y sus
Premios de Musicología y de Composición y es la del teatro que,
desde los años sesenta, al influjo de Manuel Galich, reúne en sus
Festivales a teatristas de todo el Continente y a un público que
espera ansioso el regreso de mayo. Es la que con el Premio de
Fotografía y el de la Joven Estampa promueve estas manifestaciones
entre los artistas noveles. La que con el Programa de Estudios de la
Mujer y sus coloquios internacionales anuales y sus publicaciones
adelanta los estudios de género en el ámbito de la cultura. La que
incorpora a sus actividades a las comunidades de habla hispana al
norte del río Bravo, cuarenta millones de hermanos secularmente
discriminados y vejados.
Aquí nació la nueva canción latinoamericana. La de Silvio y sus
compañeros que renovaron la trova nuestra y la de otros que
levantaron himnos de esperanza por todo el Continente. Aun lo hacen
quienes todavía no existían, hombres y mujeres de esta época nueva
que alumbró la mirada y la sonrisa de Yeyé.
Casa de las Américas ha cumplido con creces su misión,
desbordando incluso los ambiciosos objetivos que inicialmente se
propuso. Ha sido vehículo irremplazable para la comunicación entre
los intelectuales y artistas que se expresan en español, portugués,
inglés y francés en el Continente y entre ellos, y los que desde
otras latitudes se interesan en nuestras realidades. Ha contribuido
decisivamente a enriquecer nuestra cultura abriendo espacios para
muchos que de ellos carecían y ayudando a salvar manifestaciones
culturales en riesgo de extinción, como las de las poblaciones
originarias y las de los pueblos antillanos, organizando concursos
especiales y publicando textos en creole y en las olvidadas lenguas
prehispánicas.
Especial mención merece el Centro de Estudios del Caribe,
dirigido por Nancy Morejón, ausente hoy pues participa en Canadá en
un importante encuentro de poesía y resistencia.
Precisamente a resistir nos ha ayudado especialmente esta Casa.
Ha sido insustituible para derrotar el aislamiento y la
incomunicación, la banalidad y el mercantilismo que impone una
llamada industria cultural promotora del embrutecimiento para
"manipular las emociones y controlar la razón" del "individuo
aislado" (esa era su función según admitió alguien tan
autorizado como Brzezinski, hace cuarenta años, en un texto
revelador).
Una de las misiones que la Casa lleva a cabo con mayor esmero es
el rescate, la preservación y difusión de la memoria de nuestros
pueblos. Es tarea de importancia decisiva especialmente cuando
algunos proponen una curiosa ética del olvido, prefiriendo ignorar
la advertencia de Faulkner: "el pasado nunca muere, ni siquiera
es pasado".
Me niego a olvidar a Carlos Muñiz Varela, asesinado,
precisamente, el 28 de abril de 1979, a plena luz del día, en San
Juan de Puerto Rico. Quizás alguien se atreva a decir que el hecho
ocurrió hace mil años. Pero el crimen ha continuado, se ha repetido
todos los días, durante treinta años hasta hoy. Los asesinos han
contado con la protección cómplice de gobernantes demócratas y
republicanos. Yamaira Muñiz Pérez vivía apenas su primer mes cuando
le arrebataron a Carlos. Ella acaba de proclamar: "Cada día mi
papá está más vivo en la gente que lo quiere y que lo recuerda".
Un día como hoy cuando junto al Árbol de la Vida celebramos esta
fiesta perenne de creación que es Casa de las Américas tenemos que
condenar al terrorismo y la muerte, reclamar justicia para sus
víctimas y exigir libertad para Gerardo Hernández Nordelo y sus
cuatro hermanos que por nosotros sufren injusto cautiverio.
Compañeras y compañeros:
Vaya nuestra profunda gratitud a quienes han hecho posible la
alegría de hoy. A Mariano Rodríguez, pintor excepcional, maestro y
promotor incansable, siempre leal a la causa de los humildes, que
supo cumplir la ingrata y difícil responsabilidad de ocupar el
puesto de Yeyé.
A Roberto Fernández Retamar quien además de ser uno de nuestros
mejores poetas ha dado aportes sustanciales, con ensayos y
conferencias memorables, a la teoría de la emancipación americana y
que dirige la Casa con sabiduría y entusiasmo. El Consejo de Estado
sabía lo que hacía cuando fue unánime al otorgarle la Orden José
Martí, a él, ejemplo de integridad intelectual y patriotismo,
discípulo fiel del Maestro de todos los cubanos.
No quiero concluir sin saludar a todos los que han hecho y hacen
posible la obra de esta institución. Muchos no habían nacido cuando
ella empezaba a andar. Pero la Casa fue concebida para ellas y
ellos. Háganla cada día mejor, propónganse nuevos y más altos
sueños, conquisten el futuro, hagan que aquí siga viviendo su
inolvidable fundadora hasta la victoria siempre.