Desde Guantánamo a Pinar del Río

El arte toca puertas

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Cuando regresó a sus orígenes, la comunidad de Monte Verde, en los lindes de Yateras, Yoendris Almenares pensó en retribuir a los suyos el aliento con que lo habían estimulado para formarse como instructor de arte. Cómo hacerlo era el problema. Yoendris tenía el título en la especialidad de Artes Plásticas y una ubicación en la escuela primaria Reinaldo Góngora, la misma donde aprendió los primeros números y letras.

 Foto: Calixto N. Llanes.Marilé Lóriga impulsa acciones en su comunidad para fomentar la educación ambiental.

"En la escuela todo iba bien —cuenta—, los niños son muy dados a la creatividad y los maestros colaboran. Pero en la comunidad no todo estaba bien. La vida cultural estaba algo muerta; la gente no participaba. Fue entonces que me dediqué a investigar las razones de esa situación y a pensar cómo superarla".

Surgió de esa manera el programa El amor toca a la puerta, hoy por hoy una de las experiencias más interesantes de la Brigada de Instructores de Arte José Martí.

"Monte Verde —explica Yoendris— es un lugar intrincado; la comunidad está dispersa. A la gente se le dificulta la movilidad. Descubrimos familias que nunca habían visto un cuadro ni una obra de teatro. Algunas de ellas con discapacitados adultos o con personas de avanzada edad que permanecían recluidos en sus casas. Y otras, también, a las que no se les hacían atractivas las opciones culturales convencionales".

Primero Yoendris, después otros instructores de arte del municipio y los propios niños y maestros de la escuela, aplicaron una antigua norma de sabiduría: llevar la montaña al hombre.

"Fuimos a las casas. En los patios o en el interior organizamos exposiciones,y conversamos sobre las cosas lindas de este mundo. Llevamos canciones y pequeñas representaciones teatrales. Al comienzo, entregamos una plantica sembrada en una güira y la entregamos a la persona para que la cuide. Es algo más que una simple acción simbólica; es un gesto de compromiso con la belleza. Las autoridades del Consejo Popular nos apoyan. Entre las vivencias que más me conmueven están la de una viejita que se atrevió por primera vez en su vida a tomar un pincel para dibujar lo que le nació de adentro; y la de una familia donde hay un hombre postrado, y su hermano quiso que le enseñáramos a tocar aunque sea unos pocos acordes de la guitarra para cantarle".

Al otro extremo de la Isla, en Pinar del Río, una muchacha menuda, de ojos color miel, posee la fuerza de un huracán. Tal es el ímpetu de Marilé Lóriga en el proyecto Arcoiris, que desde la escuela Frank País, irradia su influencia a buena parte de la ciudad, con la colaboración de sus colegas Sindy García, Iván Chirino, Wilmer Mompellier, Liana Pérez, Dayana Venero, Gloria Vázquez, Miguel Valdivia, Reinaldo Silva, Ivis Arencibia y Lucas Iglesias.

"Se habla de educación ambiental —precisa Marilé— pero muchas veces el asunto queda en el plano formal. Se nos ocurrió combinar acciones artísticas y prácticas no solo para crear conciencia, sino incluso para resolver asuntos muy puntuales, como el del microvertedero que estaba a pocos pasos de la escuela y la tala indiscriminada de árboles en la ciudad".

Arcoiris implica en el tiempo libre de la escuela a alumnos y profesores, que se desplazan hacia aquellos puntos neurálgicos de la capital pinareña con mensajes ambientalistas de diverso tipo.

"¿Quiere saber algo simpático que me ocurrió? El otro día llega un hombre a la Brigada José Martí y pregunta quién es el responsable. Pensábamos que venía con alguna preocupación relacionada con la atención al movimiento de aficionados, pero no, su reclamo era para saber cómo podíamos ayudarlo a erradicar un basurero en su cuadra".

 

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