"En la escuela todo iba bien —cuenta—, los niños son muy dados a
la creatividad y los maestros colaboran. Pero en la comunidad no
todo estaba bien. La vida cultural estaba algo muerta; la gente no
participaba. Fue entonces que me dediqué a investigar las razones de
esa situación y a pensar cómo superarla".
Surgió de esa manera el programa El amor toca a la puerta,
hoy por hoy una de las experiencias más interesantes de la Brigada
de Instructores de Arte José Martí.
"Monte Verde —explica Yoendris— es un lugar intrincado; la
comunidad está dispersa. A la gente se le dificulta la movilidad.
Descubrimos familias que nunca habían visto un cuadro ni una obra de
teatro. Algunas de ellas con discapacitados adultos o con personas
de avanzada edad que permanecían recluidos en sus casas. Y otras,
también, a las que no se les hacían atractivas las opciones
culturales convencionales".
Primero Yoendris, después otros instructores de arte del
municipio y los propios niños y maestros de la escuela, aplicaron
una antigua norma de sabiduría: llevar la montaña al hombre.
"Fuimos a las casas. En los patios o en el interior organizamos
exposiciones,y conversamos sobre las cosas lindas de este mundo.
Llevamos canciones y pequeñas representaciones teatrales. Al
comienzo, entregamos una plantica sembrada en una güira y la
entregamos a la persona para que la cuide. Es algo más que una
simple acción simbólica; es un gesto de compromiso con la belleza.
Las autoridades del Consejo Popular nos apoyan. Entre las vivencias
que más me conmueven están la de una viejita que se atrevió por
primera vez en su vida a tomar un pincel para dibujar lo que le
nació de adentro; y la de una familia donde hay un hombre postrado,
y su hermano quiso que le enseñáramos a tocar aunque sea unos pocos
acordes de la guitarra para cantarle".
Al otro extremo de la Isla, en Pinar del Río, una muchacha
menuda, de ojos color miel, posee la fuerza de un huracán. Tal es el
ímpetu de Marilé Lóriga en el proyecto Arcoiris, que desde la
escuela Frank País, irradia su influencia a buena parte de la
ciudad, con la colaboración de sus colegas Sindy García, Iván
Chirino, Wilmer Mompellier, Liana Pérez, Dayana Venero, Gloria
Vázquez, Miguel Valdivia, Reinaldo Silva, Ivis Arencibia y Lucas
Iglesias.
"Se habla de educación ambiental —precisa Marilé— pero muchas
veces el asunto queda en el plano formal. Se nos ocurrió combinar
acciones artísticas y prácticas no solo para crear conciencia, sino
incluso para resolver asuntos muy puntuales, como el del
microvertedero que estaba a pocos pasos de la escuela y la tala
indiscriminada de árboles en la ciudad".
Arcoiris implica en el tiempo libre de la escuela a alumnos y
profesores, que se desplazan hacia aquellos puntos neurálgicos de la
capital pinareña con mensajes ambientalistas de diverso tipo.
"¿Quiere saber algo simpático que me ocurrió? El otro día llega
un hombre a la Brigada José Martí y pregunta quién es el
responsable. Pensábamos que venía con alguna preocupación
relacionada con la atención al movimiento de aficionados, pero no,
su reclamo era para saber cómo podíamos ayudarlo a erradicar un
basurero en su cuadra".