Pese a los frecuentes azotes de los huracanes, en la provincia
cubana de Pinar del Río subsisten abundantes vestigios de las
primeras comunidades humanas que vivieron en la zona varios milenios
atrás.
Con más de 700 sitios arqueológicos, la occidental región es una
suerte de museo del aborigen mesolítico antillano, opinan expertos.
Arqueólogos locales aseguran que los rastros de esas poblaciones
son escasos, pues hasta ahora se localizan solamente aquí y en otras
tres localidades de países vecinos, reporta Prensa Latina.
En grutas, llanuras y elevaciones afloran las huellas de los
antiguos asentamientos que sirvieron de refugio o sitio habitacional
a esos hombres y mujeres calificados como cazadores, pescadores y
recolectores.
Esas sociedades primitivas, las más atrasadas de la Isla, no
conocían la agricultura ni la alfarería y sobrevivían exclusivamente
mediante la apropiación de los recursos ofrecidos por la naturaleza,
afirmó el Doctor en Ciencias Históricas Enrique Alonso.
En la Península de Guanahacabibes (límite oeste de la nación)
existe un número significativo de lugares donde asoman los restos de
alimentos e instrumentos pertenecientes a los indígenas que poblaron
la zona hace cuatro mil años aproximadamente.
En la apartada demarcación, explicó, aparecieron indicios de su
presencia en puntos cercanos a la costa y en el interior de las
cavernas, exploradas por los científicos que intentan descifrar
secretos sobre el modo de vida de tan remota civilización.
Viñales es otro de los territorios que resguarda significativos
descubrimientos.
En el municipio, conocido internacionalmente por la belleza de
sus valles intramontanos, fueron hallados unos 70 sitios la mayoría
de ellos bien preservados- que acogieron a estas agrupaciones.
Los estudios en esas localidades, agregó, demuestran las
hipótesis acerca de los hábitos nómadas de los aborígenes o sus
frecuentes migraciones, motivadas por las condiciones climatológicas
y los recursos naturales disponibles en cada estación.