Torres a dos manos

Cecilia Crespo y Pedro de la Hoz

Primero fue el disco; después el concierto; fin de semana agitado para Raúl Torres, y para quienes desde hace dos décadas descubrieron en él una proyección original en el panorama trovadoresco cubano. Maketa de platino (sí, señor, con k), tiene una edición cubana, de la EGREM, que rescató para su catálogo una obra que comenzó a circular a manera de demo en España con profusión inusitada.

¿Qué nos trae Raúl después de años de ausencia en nuestra escena? Hagamos un viaje a la inversa; primero al concierto y luego al disco.

En el teatro Mella mostró los temas del álbum y mucho más, alternando con banda, coros, formatos mínimos y guitarra. Por encima de las impertinencias del sonido, hizo valer la dimensión de un repertorio propio que ha dejado —y seguirá dejando— huellas en el cancionero de nuestro tiempo por el rigor poético de sus textos, la intención lírica y la intensidad melódica que imprime a ciertos aires de balada, aunque también el costado rítmico, más roquero, se resiste a las tentaciones de la rutina.

El espectáculo resultó suculento, si se tiene en cuenta la atinada combinación de imágenes de fondo con el despliegue de los músicos —destaque para el guitarrista Miguel Comas— y los aportes de tres invitados: el trompetista Yasek Manzano (desató su virtuosismo en la onírica tonada de amor de Perbola ranna, el cantautor David Torrens y el rapero Kumar.

Pero el disco merece un análisis particular, puesto que debe ser escuchado como quien lee un ensayo. No queremos decir con esto que al transitar por cada uno de sus cortes se pierda el fuego de los sentidos, sino que se nos antoja como una sucesión de metáforas y palabras sostenidas a partir de la experiencia.

Más que un concepto multicultural, como algunos han insistido, en los enfoques de buena parte del material, Raúl ha conseguido el efecto de un palimpsesto, en el que debajo de apariencias sobrepuestas se presiente la esencia misma del arte de trovar, y una coherente manera de pensar y sentir el mundo.

¿Un ejemplo? If you love me, que abre el disco. La manera divertida con que se enfrenta al bilingüismo y el énfasis rítmico de la pieza dejan entrever un sentido paródico muy a tono con la estética del juglar.

¿Otro ejemplo? Don Quijote, donde en medio de una atmósfera introspectiva se va hilvanando una crítica implacable contra la mercantilización de la cultura.

¿Un tercero? Murallas chinas, manifiesto sobre las paradojas de los cruces culturales, los encontronazos de las diferencias y los problemas de la comunicación humana.

Al presentar el disco, Raúl dijo: "Todo poeta de estos tiempos no puede dar la espalda a las situaciones que atraviesa el mundo. Si queremos un mundo mejor tenemos que cantarle más a esas cosas, criticarlas más y enaltecer lo bueno". Quienes estábamos allí, levantamos las dos manos.

 

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