Primero
fue el disco; después el concierto; fin de semana agitado para Raúl
Torres, y para quienes desde hace dos décadas descubrieron en él una
proyección original en el panorama trovadoresco cubano. Maketa de
platino (sí, señor, con k), tiene una edición cubana, de la
EGREM, que rescató para su catálogo una obra que comenzó a circular
a manera de demo en España con profusión inusitada.
¿Qué nos trae Raúl después de años de ausencia en nuestra escena?
Hagamos un viaje a la inversa; primero al concierto y luego al
disco.
En el teatro Mella mostró los temas del álbum y mucho más,
alternando con banda, coros, formatos mínimos y guitarra. Por encima
de las impertinencias del sonido, hizo valer la dimensión de un
repertorio propio que ha dejado —y seguirá dejando— huellas en el
cancionero de nuestro tiempo por el rigor poético de sus textos, la
intención lírica y la intensidad melódica que imprime a ciertos
aires de balada, aunque también el costado rítmico, más roquero, se
resiste a las tentaciones de la rutina.
El espectáculo resultó suculento, si se tiene en cuenta la
atinada combinación de imágenes de fondo con el despliegue de los
músicos —destaque para el guitarrista Miguel Comas— y los aportes de
tres invitados: el trompetista Yasek Manzano (desató su virtuosismo
en la onírica tonada de amor de Perbola ranna, el cantautor
David Torrens y el rapero Kumar.
Pero el disco merece un análisis particular, puesto que debe ser
escuchado como quien lee un ensayo. No queremos decir con esto que
al transitar por cada uno de sus cortes se pierda el fuego de los
sentidos, sino que se nos antoja como una sucesión de metáforas y
palabras sostenidas a partir de la experiencia.
Más que un concepto multicultural, como algunos han insistido, en
los enfoques de buena parte del material, Raúl ha conseguido el
efecto de un palimpsesto, en el que debajo de apariencias
sobrepuestas se presiente la esencia misma del arte de trovar, y una
coherente manera de pensar y sentir el mundo.
¿Un ejemplo? If you love me, que abre el disco. La manera
divertida con que se enfrenta al bilingüismo y el énfasis rítmico de
la pieza dejan entrever un sentido paródico muy a tono con la
estética del juglar.
¿Otro ejemplo? Don Quijote, donde en medio de una
atmósfera introspectiva se va hilvanando una crítica implacable
contra la mercantilización de la cultura.
¿Un tercero? Murallas chinas, manifiesto sobre las
paradojas de los cruces culturales, los encontronazos de las
diferencias y los problemas de la comunicación humana.
Al presentar el disco, Raúl dijo: "Todo poeta de estos tiempos no
puede dar la espalda a las situaciones que atraviesa el mundo. Si
queremos un mundo mejor tenemos que cantarle más a esas cosas,
criticarlas más y enaltecer lo bueno". Quienes estábamos allí,
levantamos las dos manos.