A siete meses del desastre, la mayoría de las personas sienten la
satisfacción de haber sobrevivido a aquel impacto y, al mismo
tiempo, la seguridad de redescubrir dentro de sí nuevas fuerzas,
capacidades y potencialidades para salir adelante.
"Sin la comprensión y participación del pueblo, no hubiéramos
podido avanzar igual", opina Rolando Rodríguez Rojas, presidente del
Gobierno, quien a menudo evoca la respuesta ofrecida por cientos de
vecinos, agrupados en brigadas del barrio o en apoyo a otras tareas
urgentes, en medio de una situación muy tensa, si se tiene en cuenta
que el 83% del fondo habitacional quedó dañado.
Por eso Martha Oduardo Ramírez, directora municipal de Educación,
no cesa de subrayar la ayuda ofrecida por padres y vecinos en la
recuperación, hasta la fecha, de 74 centros docentes o la actitud de
personas como Inés Bruzón Arnedo (en La Deseada) y Mayda Álvarez
Martínez (residente en Libertad) en cuyos hogares siguen recibiendo
clases niños de la enseñanza primaria, hasta que sus respectivas
escuelitas rurales queden listas.
Similar empuje ha permitido revertir de forma progresiva los
estragos en más de medio centenar de bodegas, 81 unidades de
comercio, numerosos círculos sociales y alrededor de 30
instalaciones de salud, vitales para mantener índices como el de la
mortalidad infantil: 1,8 fallecidos por cada 1 000 nacidos vivos
durante el 2008 y en Cero desde el pasado mes de enero.
Pero donde más salta a la vista el alcance de la recuperación,
bien concebida y organizada, es sin duda en el terreno agrícola.
Quienes en septiembre vieron devastado el 90% de las plantaciones
(y prácticamente todo el plátano), no podían imaginar que un
semestre después esas mismas áreas ya aportarían más de 2 100
toneladas de alimentos.
La estrategia, según explica Karen Almaguer Ponce, delegada de la
Agricultura en Jesús Menéndez, fue no perder ni un minuto en la
siembra, sobre todo de cultivos de ciclo corto.
En seis meses —añade— logramos altísimas producciones.
"¿Resultado? Para este año hay contratadas más de 15 600 toneladas
de alimentos en todos los sectores de la agricultura: volumen solo
comparable con los de la década de 1980".
Frijol, boniato, maíz, calabaza, yuca... ocuparon de repente el
espacio que siempre debieron y pudieron tener (sin perjuicio para
otros cultivos "más lentos") en aras de cosechas más rápidas y
resultados superiores en el mismo terreno.
Sin embargo, toda estrategia hubiera sido inútil sin lo
principal: el hombre, insiste Roberto Pérez Hernández, director de
la empresa municipal de Cultivos Varios. Puedo decirte que el ciclón
dañó más del 80% de las viviendas de nuestros trabajadores, pero la
gente no se desplomó. Ahí está el ejemplo de Omar Caballero,
Salvador Pérez y muchos compañeros más, que por la mañana se
incorporaban al campo y en la tarde hacían lo posible para levantar
sus casas, reparaban los techos y las paredes derribadas por los
vientos o ayudaban a otros damnificados.
Solo así se explica que, donde mismo las ráfagas dejaron un
destrozo de plantones, cepas, racimos y guacamayas de plátano, ahora
se empinen reverdecidas plantaciones, cuyos primeros cortes deben
realizarse en junio.
"La fórmula es trabajar duro, asegura Arnel Pérez Pupo, obrero
del Consejo Popular El Trompo. Atiendo estas cuatro hectáreas de
plátano vianda y siempre me vas a ver aquí, vengo temprano por la
mañana, almuerzo en mi casa y regreso cuando el sol refresca... Si
quieres producir de verdad no puedes estar pensando en medias
jornadas ni en descansar sábados o domingos."
Sobre la base de una mentalidad así los agricultores le han
entregado al comercio interior más de 2 000 quintales de frijol; la
granja estatal José M. Barreto creó una finca integral que, además
de producir carne, aporta abono orgánico para las plantaciones; los
vecinos de Lora convirtieron la añeja y deteriorada bodega en un
amplio centro de servicios múltiples (víveres, productos
industriales, farmacia, reparación de equipos electrodomésticos), y
avanza bien la producción mercantil.
Nada de ello significa que la vida marche a pedir de boca en
Chaparra y sus asentamientos rurales. El golpe de Ike fue bestial y
acentuó problemas que el municipio venía arrastrando durante años,
agravados por la inactividad de su epicentro económico, productivo y
social: el central Jesús Menéndez.
Muestra de que hay preocupaciones son los 1 013 planteamientos
hechos por la población durante el último proceso de rendición de
cuenta del Gobierno en la base, a inicios de este año. Dos detalles,
sin embargo, alientan: más del 85% de los electores concurrieron a
esas reuniones. Y, a pesar de las adversidades, la mitad de las
soluciones van por la propia comunidad.