Pero no es fácil volver, encontrar trabajo y adaptarse de nuevo a
sus países de origen, igualmente afectados por la crisis global,
según especialistas en la materia.
"La situación es muy grave y para muchas personas no parece que
vaya a mejorar pronto", dijo a IPS Zora Butorova, analista del
Instituto de Asuntos Públicos en Bratislava.
Cuando en el 2004 se incorporaron diez nuevas naciones de Europa
oriental a la UE, cientos de miles de ciudadanos de los países de
esta región, más pobres que sus vecinos occidentales, se trasladaron
a Gran Bretaña, Irlanda y un poco después a España, tras la apertura
de sus mercados laborales a los nuevos ciudadanos europeos.
No existen cifras oficiales de la cantidad de personas que
emigraron. En Gran Bretaña, la prensa señaló que un millón de
polacos había llegado entre el 2004 y el 2008 en busca de trabajo,
además de decenas de miles de eslovacos, letones y lituanos,
seguidos de otros ciudadanos de esta región.
Entonces, las economías occidentales crecían de forma saludable y
no fue muy difícil para los inmigrantes conseguir trabajo en
diferentes sectores. Pero ahora regresan a sus países de origen a
pesar de que, según los economistas, la producción de Europa
oriental caerá 15% este año.
En Bulgaria, la industria pierde puestos de trabajo a gran
escala. En diciembre, 15 000 personas quedaron desempleadas en los
sectores metalúrgico, minero y textil, según la prensa local. El
gobierno prevé crear nuevos puestos en la construcción para los
ciudadanos que vuelvan.
En Rumania, las autoridades informaron que esperan que regresen
más de un tercio de los tres millones de rumanos registrados en el
extranjero. Los especialistas pronosticaron que los ciudadanos que
regresan sufrirán una falta de trabajo crónica.
En Eslovaquia, 9,8% de la población económicamente activa no
tenía trabajo en febrero, la cifra más alta de los últimos dos años.
Solo ese mes se registraron al seguro de desempleo 1 387 ciudadanos
que habían trabajado en el exterior.
Los ciudadanos que regresaron a sus países de origen denunciaron
discriminación laboral. En Polonia, la prensa divulgó casos de
personas que dijeron no haber sido consideradas para ciertos empleos
porque habían trabajado en el extranjero.
Jacek Marcin, originario de Cracovia, volvió a Polonia el mes
pasado después de trabajar tres años en Londres como albañil. Llegó
a ganar más de 2 500 euros (más de 3 200 dólares) al mes, pero antes
de venir su sueldo era un décimo de esa cantidad.
"Pasé de tener una vida muy cómoda, de ganar suficiente dinero
para vivir y hasta ahorrar algo a fin de mes a que no me alcanzara
ni para la comida", dijo.
"Cuando comenzó el retroceso de la economía británica pensé en
volver a Polonia. Familiares y amigos me decían que había mucho
trabajo aquí porque el país había crecido mucho en los últimos años.
Pero ahora también llegó la crisis financiera y las cosas no están
mejor que en Gran Bretaña", señaló Marcin.
"No hay trabajo en ningún lado. Cada vez que aparece una
posibilidad, hay cientos de candidatos. En algunas entrevistas, los
jefes te miran casi con desdén por haber trabajado en el extranjero.
Parece como si estuvieran celosos o algo así y quisieran castigarte
por haberte ido y haber ganado más dinero que ellos", añadió el
albañil de 27 años.
Butorova señaló que muchos de los ciudadanos de Europa central y
oriental que ahora regresan pueden llegar a optar por volver a
emigrar ante la funesta situación económica que vive esta zona.
"En los países de la región, el desempleo se agrava y, pese a que
los que regresan puedan tener experiencia y conocimientos adquiridos
en el extranjero, simplemente no hay trabajo", dijo la especialista.
"Es una gran presión y algunos de ellos pueden optar por volverse
a ir. Si tuvieron el coraje para hacerlo una vez, con seguridad lo
volverán a hacer", sostuvo.