En la voz de Andrés Sorel

Saramago regresa a Cuba

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

La biografía de José Saramago justifica por sí sola todas las conferencias imaginables. Su obra, comprometida con una visión profunda de la vida, la política y la sociedad, también.

Andrés Sorel disertó sobre Saramago en La Habana.

El Premio Nobel de Literatura apareció hace pocos días por la Sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Pero a diferencia de su más reciente visita a Cuba, donde impartió una conferencia magistral en La Universidad de La Habana, (el 17 de junio de 2005), llegó ahora en la voz de uno de sus compañeros de ruta, el escritor y crítico español Andrés Sorel.

Como si las palabras formaran parte de su piel, el autor de Narraciones de amor y muerte en diez ciudades del mundo (1973), El perro castellano (1979), y El libertador de su agonía (1992)— una biografía novelada de José Martí—, evocó la materia expresiva de la obra de Saramago (Portugal, 1922), y su lucha a favor de las causas justas de la humanidad.

El primero en llegar de todos los Saramagos fue el niño que dialogaba con el espíritu de la naturaleza en los campos de Azinhaga. Sorel miró hacia la infancia del escritor y recordó cómo este chico escuchaba con atención las historias que contaba su abuelo, "historias de aquella tierra maldita, en la que de vez en cuando se proyectaba la sombra de los guardias y sobre todo de los capataces que dirigían la explotación del hombre por el hombre".

Después fue el turno del joven Saramago, ese que ya empezaba a vivir en la tierra infinita de la literatura. Desde sus primeros años había dejado prueba de su amor por las letras con la escritura de varios poemas, pero a partir de los 20 "se lanzó sin miedo al abismo que supone la creación de una novela, y escribió tres, mas consideró que necesitaba experiencias de vida para desarrollar cuanto quería expresar literariamente. Por eso desapareció durante varios años, para estar seguro de lo que tenía que decir".

"Su primera gran obra, Alzado del suelo, es la novela de una familia y de tres generaciones que viven el sufrimiento, el hambre y una de las más brutales represiones ejercidas contra los campesinos en Portugal. Solo una pequeña editorial llamada Camino la acoge porque piensa que ahí se encuentra un gran escritor. Él ya será fiel de por vida a esta pequeña casa editora, y todos los libros que publica los hará en ella, dado que nunca ha escuchado las voces de los grandes sellos editoriales regidos por el mercado. Al mismo tiempo trabaja en periódicos, publicaciones, escribe un libro de viajes y mantiene una intensa actividad política".

Cuando ya ante los ojos del auditorio habían pasado varias vidas del escritor portugués, el Saramago de 86 años entró en la sala acompañado de todos sus fantasmas, emociones y experiencias. Sorel presentó a su amigo como un escritor que "se resiste a los tiempos de la cólera o a los tiempos de la injusticia, a las voces roncas o a los silencios que acompañan la ceguera de los poseídos y alienados por los medios de comunicación, y que sabe que solo la falta de luz podrá cerrarle la mirada".

"En una ocasión —contó— Saramago me dice: Vengo de una conferencia en Brasil. Allí había una sala absolutamente llena, toda gente muy ilustre, de la alta sociedad brasileña, seguramente empresarios. Ellos me han dado una terrible ovación, y yo he dado una conferencia sobre la destrucción que se está produciendo por la voracidad capitalista, de hasta dónde va a llegar este mundo en su afán por quemar la única casa que tiene, que es la casa del hombre. Y ya ves, he terminado de hablar, todos me han abrazado y han salido después corriendo a las oficinas de sus bancos para desde allí impulsar que se siga destruyendo el Amazonas. Entonces, ¿qué hacemos? A veces tengo la idea de que somos payasos, porque es triste hablar para gente que no te escucha".

 

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