La Palma Corcho, curioso remanente de la flora jurásica,
sobrevive hoy en esta provincia cubana a pesar de los frecuentes
azotes de los organismos tropicales.
La especie (microcycas calocoma) es exclusiva del extremo
occidental del país, donde pervive como un legítimo tesoro botánico
al amparo de programas de conservación.
Testigo de las transformaciones ocurridas en el planeta durante
varias eras geológicas, es calificada por estudiosos como un
auténtico fósil viviente debido a su sorprendente antigüedad.
Otrora contemporánea con los dinosaurios, la variedad vive en
mogotes de roca caliza y en cordilleras como las alturas de pizarra,
una de las primeras formaciones montañosas del archipiélago.
El vegetal fue identificado con el nombre de Palma Corcho por la
suavidad de su esponjoso tronco, que alcanza como promedio cinco
metros de altura y 60 centímetros de diámetro.
Sus hojas o pencas, las cuales se asemejan a una copiosa corona
verde, brotan de la parte superior del alargado tallo hacia todas
direcciones y alcanzan una longitud aproximada de un metro.
La tala indiscriminada y la destrucción de su hábitat natural
durante el pasado siglo, provocaron la disminución de sus
poblaciones.
Ubicado en el norte de esta región, el municipio de Viñales, es
una de las moradas del espécimen, actualmente a salvo en el área
declarada Parque Nacional, aseguró su Director José Luis Corvea.
A pesar de los daños provocados por sucesivos huracanes, agregó,
la Palma Corcho pervive en esta localidad, distinguida con el título
de Paisaje Cultural de la Humanidad.
Ese territorio con el 23 por ciento de la riqueza florística de
Cuba es famoso internacionalmente por su relieve peculiar y las
deslumbrantes vistas de los valles intramontanos.
La planta, exclusiva de Pinar del Río, fue declarada Monumento
Nacional en 1989, actualmente crece también dentro de los predios
del Orquideario de Soroa y del Jardín Botánico de esta ciudad, con
la protección de los científicos locales.