Familiares, pioneros, trabajadores y pueblo en general se
congregaron para rendir homenaje a Fe del Valle en el aniversario 48
de su muerte, víctima del brutal sabotaje perpetrado por
contrarrevolucionarios a la tienda El Encanto.
En el parque que lleva el nombre de la inolvidable
revolucionaria, Robin Ravelo del Valle, su hija, recordó el
sufrimiento de ella y su hermano mayor, Erick, al escuchar la
noticia de la muerte de su madre, otro hecho de una extensa cadena
de provocaciones y agresiones promovida por la Central de
Inteligencia de los Estados Unidos.
Militante comunista con apenas 15 años y huérfana de padre desde
antes de nacer, Fe del Valle Ramos, abandonó su natal Remedios y se
estableció con su familia en La Habana, donde aprendió la confección
de sombreros finos, ofició por el cual comenzó a trabajar en El
Encanto.
Desde su llegada al establecimiento Lula, como cariñosamente le
llamaban sus compañeros, laboró infructuosamente por crear un
sindicato, anhelo que al decir de José López Blanco, sólo pudo
convertirse en realidad en marzo de 1959, con la nueva
administración, a la que Fe brindó todos sus conocimientos.
También se afanó en preparar condiciones para abrir un círculo
infantil que favoreciera a las trabajadoras de la tienda.
La ceremonia concluyó con la peregrinación del pueblo desde el
parque Fe del Valle hasta su tumba en la Necrópolis de Colón.