La
actualidad noticiosa dio cuenta ayer domingo de los detalles del
evento: la presencia de Raúl en la velada por el décimo aniversario
de la reapertura del teatro Amadeo Roldán, la calidad de concierto
protagonizado por el maestro Frank Fernández y la Orquesta Sinfónica
Nacional, el jubiloso estado de ánimo del público ante tan
extraordinaria entrega.
Quedan, sin embargo, algunos aspectos a destacar y a ello voy a
referirme. Unos tienen que ver con la naturaleza del repertorio
interpretado. Otros con la significación del acontecimiento.
Vayamos a lo primero. El excelso Frank Fernández y Enrique Pérez
Mesa, este último al frente del organismo sinfónico, hicieron, a lo
largo de su comprometido programa, buena música, con contrastes
hermosos al final y elevada línea interpretativa, por parte del
pianista, lo que demostró ampliamente al asumir el Concierto No.
2, para piano y orquesta, de Serguei Rachmaninov. Frank reafirmó
su gran clase en el teclado y su pleno dominio del estilo romántico.
Haber sentado cátedra en un clásico del repertorio universal
define una vocación de nuestro arte, que hizo más pleno el disfrute
del repertorio que tiene que ver con nuestra identidad.
Fue hermoso escuchar la voz de Milagros de los Ángeles, una
soprano que ha crecido prontamente, en páginas de nuestro arte
lírico como la Salida de Cecilia Valdés (Gonzalo Roig) y la
Romanza de María la O (Ernesto Lecuona), que le valieron
prolongados aplausos, los que subieron de tono en Canto negro,
de Grenet. Urge promover adecuadamente las voces líricas capaces de
ensanchar la tradición en ese campo, y dar espacio a quienes en
verdad lo merecen.
El entusiasmo del auditorio estimuló a Frank para que aportara
diversos encores (La comparsa y Malagueña, de Ernesto
Lecuona, entre ellos), hasta llegar a otro clásico nuestro, donde
solicitó el concurso de jóvenes y talentosos instrumentistas, como
el oboísta Frank Ernesto Fernández y el violinista Ariel Sarduy.
Alfredo Muñoz, director del Centro Nacional de la Música de
Concierto, recordó cómo a pesar de la cobarde acción que en 1977
arruinó el teatro, en el momento más duro del periodo especial, se
culminó su reconstrucción, impulsada personalmente por el Comandante
en Jefe Fidel Castro. Y, concluyó destacando: "Podemos asegurarle
que continuaremos haciendo todos los esfuerzos para que nuestro
querido teatro sea cada vez más y por siempre, ese espacio sagrado
de nuestra música".
En sus palabras quedó establecido un compromiso. El Amadeo ha
sido ejemplo en su programación. Tocar allí establece jerarquías. Es
algo que no debe perderse y servir de guía a otras instituciones
culturales.