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Guardianes de la vida
Sara Sariol Sosa
Al nacer cinco décadas atrás el Cuerpo de Guardabosques de Cuba
estuvo adscrito al Instituto Nacional de la Reforma Agraria y
respondía al nombre de Guarda forestales; después pasó al sector de
la Agricultura, y a mediados de la década del 90 al Ministerio del
Interior.
El
Cuerpo de Guardabosques de Cuba llega hoy a sus 50 años de creado.
En Granma está integrado hoy por siete unidades: cuatro circuitos
de montaña, dos en el llano y un grupo de inspección.
Los 150 guardabosques granmenses tienen la responsabilidad de
proteger más de 200 000 hectáreas y escenarios de gran trascendencia
natural, cultural e histórica como los parques Desembarco del Granma
y Turquino, el Refugio Delta del Cauto y el territorio que abarca
toda la cuenca del río Cauto.
Mas, ese cuerpo no solo procura evitar incendios, aunque entre el
2007 y el 2008 ocurrieron 11, seis menos que en la campaña anterior.
Su vigilia —dice Rodolfo Fernández Medel, segundo jefe del Cuerpo
granmense de guardabosques— también tiene relación con el uso
adecuado y conservación de los suelos, con la protección de la fauna
endémica terrestre, de las especies marinas y de agua dulce, de todo
el patrimonio forestal y los recursos naturales renovables, cuya
existencia garantiza al hombre una vida sana y pura.
La mayor satisfacción del guardabosques Eberto Martínez Carrazana
es haber logrado que en 21 años no se haya producido un incendio
forestal en la zona atendida por él en este montañoso municipio de
Guisa de la provincia de Granma.
Decirlo parece fácil, pero no lo es para quien ha precisado de
intensas jornadas, incluidos sábados y domingos, para ascender y
descender lomas, convencer a muchos de la importancia de preservar
los recursos naturales, y corregir con fuerza a aquellos que
irracionalmente talan, queman, cazan¼ sin pensar cómo atentan contra
esas fuentes de riquezas y de vida.
El esfuerzo de Eberto —o El Rubio como todos le llaman— y sus
homólogos, por preservar el patrimonio forestal y mejorar sus
propias condiciones de trabajo y de vida, determinó la selección de
la provincia, y particularmente del municipio de Guisa, como sede de
la celebración nacional, este 10 de abril, del aniversario 50 del
Cuerpo de Guardabosques de Cuba.
A CONTRACANDELA
Contrario a lo que muchos imaginan, sofocar un incendio forestal
no es cosa fácil, porque resulta imposible penetrar al monte con
modernos carros de bomberos. Entonces, recurren a medios rústicos
para combatir el fuego: a golpe de gajos o con contracandela,
acciones para las cuales los guardabosques se sirven de las brigadas
voluntarias y especializadas preparadas por ellos mismos.
Por eso muchas veces —explica El Rubio— un incendio se extiende
durante días, arrasando hectáreas de árboles, provoca cuantiosas
pérdidas a la economía, daña el hábitat de importantes especies de
animales endémicos (algunos en peligro de extinción) e incide en
sentido general en el equilibrio ecológico.
Lo esencial, entonces, no es apagar el fuego sino vigilar
constantemente y evitarlo, asegura el también guardabosques guisero
Juan Espinosa Morales, con tres décadas en el oficio y ahora
protector de las áreas donde está enclavado el Consejo Popular Loma
de Piedra.
En opinión de la ingeniera agrónoma Deysis Camejo Brito,
especialista de protección del Cuerpo de Guardabosques de Guisa, en
esa labor preventiva está la esencia de la organización, en
convencer a cada poblador de la necesidad de cuidar cada rinconcito
del bosque, para garantizar una vida más sana y amena.
"Los guardabosques —subraya Deysis— son hombres muy sacrificados
y comprometidos con su trabajo, además de cuidar su área, visitan
sistemáticamente y realizan labor de educación ambiental en el
barrio, las organizaciones productivas y las escuelas, donde incluso
han creado círculos de interés."
En los últimos años —apunta Juan Espinosa— se ha avanzado
bastante, pero todavía quedan entidades morosas en la adopción de
medidas para evitar los incendios, sobre todo en la creación de
trochas corta fuegos, en tanto determinados agricultores persisten
en quemar residuos de cosechas, sin tener en cuenta el perjuicio
provocado por esta vía al propio suelo que cultivan para lograr su
sustento. |