Solidaridad no es brindar lo que nos sobra, sino compartir cuanto
tenemos. Vale la pena recordarlo. La adversidad no puede ser un
escudo para dejar de extender la mano a quien lo necesita. Si no,
supuestamente lo harían solo quienes viven en la abundancia, o al
menos quienes disponen de cuanto necesitan.
Cada día miles de personas esperan al pie de un semáforo, de una
señal de Pare u otro sitio estratégico, el medio de transporte que
les permita llegar al centro de trabajo, la escuela, el hogar o la
vivienda de un pariente. Lo logran gracias a quienes los recogen en
su auto, sea estatal o particular¼ y no
cobran.
Les resultaría imposible siquiera aceptar ese pago. La honradez y
el altruismo establecen la diferencia, con respecto a otros que
hasta lo exigen... y en vehículos que no son suyos.
Tengo un amigo que imparte clases en la casa desde hace 11 años.
No de Español, Matemáticas, Inglés o Historia, sino de cultura
general y redacción. No cobra un centavo por ello. Lo hace porque
piensa que los sueños son esenciales en la vida, y con su labor
ayuda a muchos jóvenes a convertir en realidad sus anhelos.
En diciembre, tuvieron el último encuentro de este curso. Y en
marzo fue el cumpleaños del profe. Lo pasó en otra provincia, de
vacaciones. Sus alumnos no pudieron contactarlo ese día. Al regreso,
justo en la mañana en que se reincorporó al trabajo, recibió una
llamada: le cantaron felicidades a coro desde el teléfono de la
escuela. Absolutamente ninguna cantidad de dinero dejaría una huella
como la de aquel regalo, de eso estoy seguro.
Mi amigo tiene toda una colección de papeles con notas
conmovedoras, mensajes de correo electrónico cargados de
agradecimiento y cariño, libros dedicados y repletos de firmas: ¡un
tesoro!, algo que solo consigue quien no ajusta en moneda el valor
de lo que hace.
Salario insuficiente, necesidades, carencias, no pueden tasar el
compromiso con quien solicita un aventón, acude donde el profesor,
precisa de los conocimientos de un especialista, necesita cualquier
ayuda¼
Para algunos, quizás resulte una necedad ser generoso o altruista
en este mundo de hoy. Mas, se trata simplemente de no tener precio,
de hacer un bien y, a cambio, sentirse dichoso.