¿Qué nos vamos a hacer con Juan Orol?

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

¿Qué hago escribiendo una nota sobre Juan Orol? ¿Qué rayos hago en la sala oscura tratando de creerme el argumento de Tania, la bella salvaje o soportando la triste, increíble y ridícula historia de Madre querida? ¿Habrá pasado de moda aquella frase célebre acuñada por un humorista mexicano que rezaba: "La vida es peor que una película de Juan Orol"?

Orol y la Carmina. Orol y la Carmina.

En otros tiempos, estas preguntas no tendrían respuestas. Ahora es posible. Quiérase o no, Orol está en la historia del cine mexicano y cubano —sobre su presencia en este último vale la documentada investigación de Arturo Agramonte y Luciano Castillo sobre sus vínculos con el pionero Ramón Peón. Pero más que todo está en varios de los núcleos de nuestra educación sentimental: de un lado, amores desgraciados, historias turbulentas, miserias imprevistas, pecados inconfesables, venganzas sedientas; de otro, pleitos arrabaleros, ambientes rumbosos, guaperías fraudulentas; sin olvidar un tercer costado muy encostrado en cierta estética popular: el gusto por los parajes exóticos.

Y luego está el morbo de esas mujeres que llenaron su pantalla con carnes opulentas y curvas pronunciadas, a buena distancia del modelo consagrado por las normas occidentales de nuestros días. El gallego Orol (La Coruña 1897 – México 1988) quedó marcado por Cuba. Ahí están Consuelo Moreno, Rosa Carmina y María Antonieta Pons, antes de que Mary Esquivel les arrebatara el cetro.

Diecisiete películas de Orol se exhiben por estos días en la sala Chaplin de la Cinemateca de Cuba. Es el ciclo más completo que pueda concebirse sobre el controvertido y vilipendiado director y actor, organizado por la institución cubana, la Embajadas de México en La Habana y la imprescindible colaboración de Cinemas Lumiere y la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se exhibe desde la inefable Madre querida (1935) hasta la delirante El fantástico mundo de los hippies (1970). De la primera, el notable historiador del cine mexicano Emilio García Riera escribió: "Filmada a toda prisa para ser estrenada el Día de las Madres en cines de segunda, esta cinta obtuvo un tremendo éxito de taquilla. Orol calculó el golpe: supo el efecto que tendrían escenas como cuando un director de una escuela pregunta a sus alumnos 'quién nos quiere más que nadie' y los niños contestan en coro: 'nuestra madre'. A partir de ahí, la vena sentimental de Orol se desbordaba sin que pudiera contenerla la más leve consideración de pudor o buen gusto, y el público humilde se dejaba arrastrar por ese camino sin advertir el humor involuntario que se desprendía inevitablemente de la trama oroliana".

Pero si se quiere ver un resumen del estilo Orol, no debe perderse Gángsteres contra charros (1947), con la Carmina incluida. Cierra el ciclo el martes 14 a las 5:00 p.m. Si se decide ir al cine, no olvide esta apreciación de un vitriólico escritor mexicano: "Allí verán la secuencia más gratuita de la historia del cine. Rosa Carmina le ha pedido a Johnny Carmenta (Juan Orol) un carro lujoso. Corte a un reñidísimo Atlas-Atlante (encuentro de fútbol). Vemos un buen rato las graderías entusiastas, los avatares del partido, el júbilo popular. Corte a Orol que introduce una ganzúa en un coche. Entonces nos damos cuenta que vimos el juego cerca de cinco minutos, sólo para justificar el robo de Orol de un automóvil cualquiera cuyo dueño, suponemos, se hallaba en el juego. Y todavía regresamos un minuto más al partido. Como es obvio, la lógica y la presión imaginativa que supone le resultan a Orol insoportables. El nunca explica la geografía, la sociología o la psicología de los escenarios y personajes. Le basta con que existan y se siente satisfecho con que amen o mueran, de la manera más libre posible, sin que se enteren de las tediosas unidades aristotélicas, de las exigencias de la trama o del desarrollo consecuente de la acción".

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas | Especiales |

SubirSubir