La Cueva de los Petroglifos perdura hoy entre las serranías del
municipio de Viñales, como uno de los enigmas del arte rupestre en
Cuba.
Situada en la Sierra de Galeras, fue explorada por primera vez en
1944 durante una expedición organizada por el profesor cubano
Antonio Núñez Jiménez, a quien se le atribuyen los reportes
iniciales de evidencias aborígenes en la espelunca.
Entre los vestigios encontrados entonces sobresale un mortero de
roca silícea, un caracol marino y una mandíbula humana, hallazgos
que motivaron sucesivas exploraciones del sitio.
Estudios posteriores realizados por arqueólogos y espeleólogos
cubanos, liderados por el científico, demostraron que en el Sistema
Cavernario de Constantino subsisten, además, 36 diseños entre
petroglifos y pictografías, de factura prehispánica.
Esas series de rayas visibles en las rocas, generalmente
paralelas y con algún círculo entre ellas, pudieran significar
incipientes técnicas numerales, aseguran expertos de la agrupación
Pedro Borrás, perteneciente a la Sociedad Espeleológica de Cuba.
El arte rupestre de la gruta se asocia a grupos mesolíticos,
según reportes de integrantes de esa expedición investigativa,
quienes descubrieron también numerosos fragmentos de restos óseos
dispersos por la cavidad.
Minuciosas pesquisas confirmaron que los residuos recopilados se
corresponden con las características de los aborígenes, en este caso
de tres individuos: un hombre, una mujer y un niño de tres años
aproximadamente.
Osamentas, añejos instrumentos y motivos rupestres indican la
presencia en esa área de comunidades en un estadio medio de la etapa
económica de apropiación, afirman.
Investigaciones derivadas de los trazos, muchos realizados con
carboncillo, sugieren que el número 10 y sus múltiplos ocuparon un
lugar preponderante en la vida de los primitivos.
Uno de los murales hallados representa una figura compleja
formada por 340 rayas y 11 círculos donde, en opinión de
especialistas, se nota la intención de aislar grupos de 10, 20 y 30.
Nada extraña la idea de los números pues estas hipótesis se
basan, además, en la práctica de contar con los dedos de las manos y
los pies, típica de esos primitivos pueblos, asegura el estudioso
Divaldo A. Gutiérrez en un artículo dedicado a desentrañar el
simbolismo de la cueva.
Teorías y descubrimientos convidan a hurgar una y otra vez en los
laberintos subterráneos del sistema, otrora territorio indio en
Cuba.