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Historias paralelas tuvieron lugar en las últimas 48 horas en las
ciudades alemanas de Kehl y Baden-Baden, y la francesa de
Estrasburgo, con una cumbre de la OTAN de dos vertientes.
La primera concentrada en las numerosas manifestaciones de
rechazo a la celebración del 60 aniversario de la alianza militar
del Atlántico Norte, enfrentamientos con la policía y un excesivo
despliegue de fuerzas del orden en Francia y Alemania.
Choques violentos con las autoridades, el incendio de un hotel y
un antiguo puesto militar, manifestantes y policías heridos, autos,
comercios y viviendas dañadas, fue el saldo parcial de la cumbre de
la OTAN en las tres ciudades.
Pero el foco principal estuvo en esta urbe alsaciana del este
francés, donde a unos cinco kilómetros del Puente de Europa se
realizó la parte principal de la reunión, plagada de alfombras
rojas, cenas y gestos protocolarios.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ofreció una rueda
de prensa conjunta con su homólogo francés, Nicolás Sarkozy, y luego
habló a estudiantes galos y germanos en presencia también de la
Canciller Federal, Angela Merkel.
Todo en un discurso lleno de sonrisas para engatusar a los
europeos y comprometerlos más con la aventura norteamericana en
Afganistán, declaró el líder del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA)
de Francia, Olivier Besancenot.
Lo cierto es que Washington arrancó de los 27 restantes miembros
de la OTAN la voluntad de enviar cinco mil soldados más a Afganistán
y, en el peor de los casos, reforzar el asesoramiento a la policía
afgana y ofrecer ayuda al sector civil.
De tal forma, el secretario general saliente de la Alianza
Atlántica, el holandés Jaap de Hoop Scheffer, y su sustituto, el
primer ministro danñes, Andres Fogh Rasmussen, se congratularon de
los avances en el encuentro aquí.
Hoy hemos empezado a armonizar los recursos con las necesidades,
comentó Obama en referencia al espaldarazo recibido para la cruzada
en Afganistán, después de reiterar que Europa está más amenazada por
Al Qaeda que Estados Unidos.