Con la Sinfónica Juvenil del conservatorio Guillermo Tomás, de
Guanabacoa, comenzó la función de gala. La directora de la
agrupación, Miriam Santana recordó cómo Rodrigo Prats, evocado en su
centenario, fue un gran danzonero y como tal resultó revisitado en
el concierto.
Nuevos Aires del Danzón, de Ciudad de México, con el concurso de
jóvenes instrumentistas, junto a probados veteranos, demostraron ser
seguidores del timbalero Consejo Valiente Robert, el gran Acerina
(Santiago de Cuba, 16 de abril de 1899-Ciudad de México, 6 de junio
de 1987). Bajo la dirección del trompetista Felipe Fuentes, ofreció
un repertorio que es expresión de la influencia del cubano género en
su país y su evolución.
Y vino entonces la Aragón, que con su estilo y timbre
inconfundibles ha aportado tanto al desarrollo del danzón. En el
espectáculo se lucieron Eduardo Montero (Landy), recordando a los
grandes pianistas del género; el cantante Ernesto Bacallao; y el
flautista Eduardo Rubio. La presencia de los maestros subió de tono
al interpretar Gladys, de Richard Egües.
Antes, fue la entrega a Rafaelito Lay, de un diploma de
reconocimiento de la UNEAC, por tan fructífera trayectoria, de manos
de Guido López–Gavilán, presidente de Asociación de Músicos, y otro,
del profesor José Loyola, a nombre del Comité Organizador del
evento.