¿Dónde están los elefantes? ¿Por qué se trasladan de un lugar a
otro de la ciudad? ¿Qué tienen para que tanta gente los siga, toque
y admire?
No caben dudas: la manada de paquidermos esculpida por el artista
cubano José Emilio Fuentes Fonseca (Jeff) se ha convertido en uno de
los espectáculos más vistosos de la Décima Bienal de La Habana.
Su itinerario por varios lugares emblemáticos de la capital
responde a dos razones fundamentales: ser fiel al hábito traslaticio
de esos gigantes de la fauna por las sabanas de África y Asia, y
multiplicar sus contactos con la población. Todo lo demás que se
especule obedece a otras dos razones: a la natural tendencia del ser
humano a construir discursos simbólicos a partir de un hecho
estético determinado¼ o a la enfebrecida
malevolencia de quienes buscan a toda costa la quinta pata del
elefante.
¡Cuántas experiencias semejantes de arte público pueden
compararse con esta! Salvando las distancias, Botero ha dispuesto
sus esculturas en céntricas plazas y avenidas de importantes urbes;
Christo empapeló el Reichstag en pleno centro de Berlín: el último
diciembre los monumentos públicos de Sao Paulo fueron intervenidos
con acciones plásticas. Aquí mismo hace algunos años Expósito
organizó, junto a decenas de artistas, una caravana de autos
pintados.
Ahora Jeff pasea sus doce elefantes por La Habana. Desde el punto
de vista técnico implicó para el artista un desafío: el dominio del
metal inflado. Desde el punto de vista formal, son esculturas
realistas, pero no detallistas.
¿Una interpretación personal? Muy sencilla: ¡qué bueno es tener
al arte de paseo, fuera de las galerías, entrelazándose con la vida
misma!