Carlos Colombino nunca rinde sus armas, que son las del arte y la
ética libertaria. A finales del 2008, en el Museo del Barro, de
Asunción, creó un espacio en el que exhibió un retrato de George W.
Bush en forma de diana para que los visitantes lanzaran zapatos
contra la imagen del genocida ex mandatario yanki, como lo hizo el
periodista iraquí, Munthadar al Zeidi. Frente al retrato dispuso
decenas de pares de calzados de las más variadas tallas y formas.
Sin lugar a dudas, el paraguayo colombino es uno de los grandes
artistas contemporáneos de América Latina. Viajó a Cuba para
participar en la Décima Bienal de La Habana. Graduado de
Arquitectura en su país natal, realizó estudios de arte en Madrid y
París en los años sesenta y comenzó a desarrollar una obra vigorosa,
cargada de sentido social y estéticamente avanzada. Sus
realizaciones han merecido, entre otros lauros, el Premio de Pintura
de la muestra Arte Actual de América y España (Madrid, 1963), Gran
Premio en la Bienal de Quito (1968), dos veces el Premio
Internacional de la Bienal del Grabado de San Juan, Puerto Rico
(1995 y 2001) y Premio Knox Mercosur (2002).
Desde este viernes lleva en su pecho la Medalla Haydée Santamaría, que el
Gobierno cubano le concedió a propuesta de la Casa de las Américas.
Una Casa que es suya no solo por haber trabajado en el jurado del
Premio Literario en 1993 y evaluado los envíos a La Joven Estampa en
el 2007, sino por sostenidos y entrañables vínculos de colaboración
a distancia.
La distinción se otorga a ciudadanos y colectivos de Cuba y otros
países que, con una vida útil y una obra intelectual de alta calidad
a lo largo de los años, hayan contribuido a hacer realidad los
objetivos a que aspira la Casa de las Américas: el enriquecimiento y
defensa de la genuina cultura de nuestra América, y su integración
por las vías culturales.
Precisamente esa ha sido la razón de ser de la vida y obra de
Carlos Colombino. (P. de la H.)