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La XXI cumbre árabe abrió hoy a nivel ministerial con el reto de
aplacar significativamente las divisiones en esa comunidad, aún más
tras la devastadora agresión a Gaza y la formación de un gobierno
conservador en Israel.
A juzgar por los discursos de varios ministros de Relaciones
Exteriores de la Liga Árabe (LA), en la coyuntura actual las
naciones del área deben, más que nunca, evitar actitudes como las
del año pasado, cuando algunos trataron de boicotear la cumbre de
Siria.
Más allá de simpatía o animadversión respecto al Movimiento de
Resistencia Islámica (Hamas), la situación de los palestinos de Gaza
y de Cisjordania emplaza a definir posiciones frente a un enemigo
común, ahora revitalizado con un ejecutivo dominado por la
ultraderecha.
Además de la solidaridad con un pueblo que lamentó más de seis
mil 700 muertos y heridos por los bombardeos contra Gaza, la
identificación de otros puntos de convergencia será el principal
logro de la reunión cumbre de Qatar, a nivel de gobernantes el 30 y
31.
En declaraciones a Prensa Latina, el canciller de la Autoridad
Nacional Palestina, Riad Malki, consideró importante el rol que
pueden desempeñar a favor de su pueblo bloques regionales como la
Liga Árabe, la Unión Africana o el representativo Movimiento de los
No Alineados, integrado por 118 naciones.
A criterio de Malki, una presión efectiva -incluso de la Unión
Europea- sobre las futuras autoridades israelíes podrá contribuir a
solucionar el tema medular del Levante, y con él otros muchos
conflictos y problemas que mantienen dividida a la región.
Por su lado, el canciller sirio, Walid Al-Moallem, insistió en
pasar la página a desavenencias muchas veces azuzadas por potencias
extrarregionales o motivadas por sed de liderazgo y viejas rencillas
étnico-religiosas.
Lo mismo en el tema específico de procurar una posición árabe
unificada que en el análisis particular de la situación de los
palestinos, de Iraq, Somalia y Sudán, la unidad y la solidaridad
emergen con clara omnipresencia.
En opinión del primer ministro y canciller de Qatar, jeque Hamad
Bin Jassem Bin Jabor Al Thani, los árabes deben estar alertas contra
los grandes desafíos y peligros que encaran, y advirtió a sus
colegas que los pueblos esperan más acciones que palabras de
nosotros.
El crimen atroz cometido por Israel en Gaza, comentó, trató de
quebrar la voluntad del pueblo palestino y minar su firmeza, pero
gracias a su brava y heroica resistencia, pese a la maquinaria
militar israelí, dolor, bloqueo y represión, ese objetivo no se
logró.
Según Jabor Al Thani, la cohesión presupone adoptar posturas
comunes en temas como la situación en Iraq y las pretensiones de
afectar su esencia árabe e islámica, y en el apoyo a Sudán frente a
la orden de arresto contra su presidente por un tribunal
internacional.
Eso nos lleva (a los participantes en la cumbre) a alcanzar
resultados positivos relevantes y hallar soluciones adecuadas a esas
causas, pese a su complejidad y dificultad, remarcó.
Pero basta sólo pasar revista al año transcurrido desde la XX
cumbre de Damasco para constatar que la conferencia de Doha, pese a
sus grandes desafíos, se apresta a presidir una comunidad de
naciones y pueblos mucho más cercanos al entendimiento y la
reconciliación.
Un elemento apuntado a Prensa Latina por diplomáticos árabes es
que Qatar se inserta en el grupo de países que mayoritariamente
rechaza la injerencia extranjera, defiende a capa y espada la
solución del problema palestino, y condena abiertamente la política
de Israel.
En esa posición destacan también Siria, Libia y Argelia, mientras
en la denominada corriente moderada sobresalen Egipto, Arabia
Saudita y Jordania, ausentes de la cumbre de marzo de 2008 en
Damasco.
Sin embargo en los últimos 12 meses, amén de la progresiva
estabilidad libanesa, Beirut y Damasco establecieron relaciones
diplomáticas, y Kuwait albergó en enero la primera cumbre económica
árabe que fijó pautas a favor del bienestar social de los pueblos.
Sólo en el último mes, los gobernantes de Egipto, Siria y Kuwait
sostuvieron una minicumbre en Arabia Saudita, y hubo otros contactos
bilaterales a altos niveles.
El presidente egipcio, Hosni Mubarak, visitó Jordania, al igual
que hizo el sirio Bashar Al-Assad, por primera vez en cinco años,
mientras en Libia, Egipto y Eritrea fue recibido el sudanés, Omar
Hassan Al-Bashir, pese a la orden de arresto en su contra de la
Corte Penal Internacional.
Esas y otras visitas crearon un clima favorable para la armonía
en Doha, cuya cumbre puede ser definitoria en fortalecer la
cooperación, afianzar la identidad árabe, promover la solidaridad y
asumir una posición unida frente a temas candentes del Medio
Oriente.