|
26 de marzo de 1959: cinco décadas junto al
pueblo Organismos de Seguridad
con raíces rebeldes
“Los organismos de
seguridad del Estado revolucionario, con la eficaz ayuda de los
Comités de Defensa de la Revolución y de todo el pueblo, destrozaron
estos planes de la CIA, y ello sin dudas constituyó otra brillante
victoria de la Revolución. Nuestro pueblo respondió contundentemente
a cada una de las agresiones del imperialismo.”
Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz Informe Central al Primer
Congreso del Partido
Pedro
Etcheverry Vázquez
Durante los cincuenta años transcurridos desde el Primero de
Enero de 1959, nuestros servicios de seguridad, con el apoyo
decisivo del pueblo y como parte indisoluble de este, han derrotado
sistemáticamente los programas subversivos que la comunidad de
Inteligencia norteamericana ha fraguado para derrocar el proceso
revolucionario cubano.
Planes de atentados contra nuestros principales dirigentes,
guerra psicológica, bombardeos a ciudades, aeropuertos, centrales
azucareros y campos de caña, sabotajes a la economía, invasiones
militares, infiltraciones de grupos terroristas, bandas de alzados,
lanzamiento de armas y explosivos, espionaje e introducción de
plagas y enfermedades. En resumen, todas las formas de actividad
subversiva conocidas. Sin embargo, a pesar de los daños humanos y
materiales causados, las intenciones de destruir la Revolución se
han estrellado contra la unidad de los cubanos en torno al Partido,
a Fidel, a Raúl, a nuestras invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias
y al Ministerio del Interior.
Las raíces fundacionales de nuestros servicios de seguridad se
encuentran presentes desde diciembre de 1956, durante los primeros
momentos de la lucha en las montañas orientales contra la tiranía
batistiana. Algunas de las que luego se convirtieron en importantes
misiones de estos servicios, como la protección de la vida del Jefe
de la Revolución, fueron cumplidas inicialmente por Juan Almeida
Bosque, Universo Sánchez Álvarez, Faustino Pérez Hernández y sus más
cercanos compañeros, en el incipiente grupo guerrillero del
Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la Sierra Maestra.
Un hecho que marca un hito en esta historia, quedó definido el 20
de abril de 1958, en un informe firmado por el entonces comandante
Raúl Castro Ruz y dirigido a Fidel, donde señalaba:
" Creo el Cuerpo de
Oficiales de la Inteligencia Rebelde que de gran utilidad nos ha
sido hasta la fecha en todos los órdenes, pues son los que se
encargan de los interrogatorios de los detenidos, hacer croquis de
los puntos que en el futuro pueden ser objeto de un ataque nuestro;
de dirigir nuestro servicio de inteligencia y espionaje, instruyendo
a sus miembros de todos los trabajos especiales que se presentan."
Y agregaba que
"estamos perfeccionando el cuerpo de oficiales de Inteligencia
Rebelde (I.R.) que tiene bajo su mando el S.O.C., o sea, el Servicio
de Observación Campesina y otras dependencias más de este tipo"
. El teniente Arturo Lince González, desde la Comandancia Central,
fungía como jefe de este servicio, que buscaba información sobre la
ubicación, el armamento y la moral de las hordas batistianas.
El 22 de agosto de ese mismo año, cuando el Ejército Rebelde
había derrotado la Ofensiva de Verano del Ejército de la dictadura,
y se disponía a extender la guerra de liberación al resto del
territorio nacional, el comandante Raúl Castro firmó un decreto
ordenando la creación del Servicio Secreto del Estado Mayor del
Ejército Revolucionario 26 de Julio, en el Segundo Frente Oriental
Frank País, bajo el mando del capitán Augusto R. Martínez Sánchez,
que se dedicaba a
"observar, investigar e informar"
sobre todo lo que pudiera afectar la seguridad de las fuerzas
rebeldes. Así funcionaron estos servicios de seguridad hasta el
triunfo de la Revolución.
El 14 de enero de 1959, por indicaciones del máximo líder de la
Revolución, fue concebido el Departamento de Investigaciones del
Ejército Rebelde, que se encargaría de investigar los crímenes de
los esbirros de la tiranía y preservar los intereses de nuestro
pueblo. Al día siguiente, la orden que creaba oficialmente el DIER
fue firmada por el comandante René de los Santos Ponce, designado al
frente de esa institución, con el comandante Abelardo Colomé Ibarra
(Furry), como jefe de Operaciones. En sus inicios, la jefatura del
DIER funcionó en un local ubicado cerca de la pista del aeropuerto,
en el antiguo campamento militar de Columbia, hoy Ciudad Escolar
Libertad.
Los primeros combatientes que se integraron a esta institución
procedían de las principales organizaciones revolucionarias que
participaron en la lucha guerrillera y la clandestinidad: el
Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el
Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Otros salieron directamente
de las filas de la clase obrera y del campesinado. En general,
muchos de sus fundadores contaban con un bajo nivel cultural y
solamente disponían de las experiencias adquiridas durante la guerra
de liberación y la lucha clandestina. La falta de conocimientos
técnicos y profesionales, fue suplida por la entrega total a la
causa que defendían. La lealtad a Fidel y a la Revolución, el
respeto a la integridad humana y la ética en el trato a los
detenidos, y el patriotismo, la solidaridad, la modestia, la
sencillez, la honestidad, el espíritu de sacrificio y la
ejemplaridad de sus hombres y mujeres, unidos a una disciplina
férrea y una incansable laboriosidad, coronadas con un gran
optimismo y una profunda fe en la victoria, constituyeron la clave
del éxito en aquellos momentos iniciales.
A principios de marzo de 1959, cumpliendo indicaciones de Fidel,
se materializó la idea de fusionar el DIER, el G-2 de la Policía
Nacional Revolucionaria (G-2 PNR) creado en enero, y el Buró de
Investigaciones Navales (BIN)
—un aparato heredado de la tiranía batistiana—
para constituir una sola institución que respondiera a los intereses
del pueblo. El 26 de marzo de ese mismo año, los tres servicios de
seguridad existentes quedaron unidos oficialmente en un solo cuerpo
que conservó el nombre de DIER. El designado para asumir su mando
fue el comandante Ramiro Valdés Menéndez.
Desde sus inicios, Fidel, Raúl y Camilo Cienfuegos dedicaron una
especial atención a la labor de esta institución. Fidel dirigió
personalmente muchas de las operaciones de inteligencia y
contrainteligencia, que se realizaron para descubrir y neutralizar
los planes encubiertos del gobierno de Estados Unidos y sus
servicios de subversión y espionaje. Sirva como ejemplo el exitoso y
creador juego operativo con el que se frustró, en agosto de 1959, la
primera gran conjura contrarrevolucionaria en la que actuó como
testaferro del imperialismo norteamericano el dictador dominicano
Rafael Leónidas Trujillo. En esta etapa también tuvieron una
participación muy importante el comandante Manuel Piñeiro Losada y
los capitanes Joaquín Méndez Cominches, Eliseo Reyes Rodríguez (San
Luis), José María Martínez Tamayo (Papi), Orlando Pantoja Tamayo (Olo)
y el primer teniente Enio Leyva Fuentes, entre otros.
El 16 de octubre de 1959, mediante el Artículo 4 de la Ley No.
600, fue creado el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(MINFAR) y el comandante Raúl Castro fue nombrado como ministro.
Inmediatamente el DIER asumió la nomenclatura de Departamento de
Información e Investigaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(DIIFAR), que bajo el mismo mando continuó a cargo del
enfrentamiento y derrota de las actividades subversivas. A finales
de este año entró a desempeñar un papel importante el compañero
Aníbal Velaz Suárez y más tarde Luis Felipe Denis Díaz, entre otros.
A mediados de 1960, la jefatura de esta institución adoptó el nombre
de Dirección de Inteligencia G-2 y sus estructuras en las provincias
el de Departamento de Información G-2 MINFAR. Así funcionó hasta la
primera mitad del año siguiente.
Esta estructura contribuyó al aniquilamiento de los planes de la
Agencia Central de Inteligencia para crear una quinta columna en
todo el país, y especialmente en las zonas montañosas de la región
central, que actuara como un frente contrarrevolucionario interno en
apoyo a la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue
derrotada en menos de 72 horas en las arenas de Playa Girón,
mediante una fulminante operación militar con fuerzas conjuntas del
Ejército Rebelde, las Milicias y un Batallón de la Policía Nacional
Revolucionaria.
El 6 de junio de 1961, el Consejo de Ministros del Gobierno
Revolucionario promulgó la Ley 940, que constituyó oficialmente el
Ministerio del Interior. El comandante Ramiro Valdés fue designado
al frente de este organismo. Con la creación de esta nueva
institución, las fuerzas y medios de la Dirección de Inteligencia
G-2 del MINFAR pasaron al MININT con la nomenclatura de Departamento
de Seguridad del Estado (DSE). El capitán Isidoro Malmierca Peoli
fue su primer jefe.
Desde entonces, el DSE, junto a otras Direcciones del MININT y la
Dirección de Contrainteligencia Militar de las FAR, creada el 7 de
noviembre de 1962 mediante la Orden No. 07 del comandante Raúl
Castro Ruz, como integrantes de los servicios de seguridad cubanos,
han continuado a cargo del enfrentamiento a las diferentes
modalidades de agresión.
Nuestros servicios de seguridad se han ido fortaleciendo con el
ingreso de sucesivas generaciones de jóvenes cada vez más
preparados, y permanecen al cabo de cinco décadas en la misma
trinchera de combate junto a su pueblo, al compañero Fidel y a Raúl,
en defensa de las conquistas de nuestra Revolución Socialista. Sus
estrechos vínculos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y las
organizaciones políticas y de masas
—principalmente los
Comités de Defensa de la Revolución—
continúan siendo la piedra angular de su accionar, en el
enfrentamiento a los proyectos subversivos de los servicios de
inteligencia norteamericanos y las organizaciones terroristas
anidadas en la Florida.
En los cincuenta años transcurridos, un centenar de combatientes
de los servicios de seguridad cubanos han ofrendado sus vidas en
defensa de nuestra soberanía nacional, en honrosas misiones
internacionalistas y cumpliendo arriesgadas tareas en las entrañas
de organizaciones contrarrevolucionarias, para proteger a nuestro
pueblo de sus acciones terroristas.
A todos los caídos, a los que han dado lo mejor de sí en el
enfrentamiento al enemigo, y a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y
René, nuestros Cinco Héroes prisioneros injustamente en cárceles
norteamericanas por luchar contra el terrorismo, nuestro pueblo
dedica hoy el más sincero homenaje de admiración y respeto. |