El conjunto de la capital tuvo una gran temporada (24 y 3), su
juego se basó en la cooperación, cada uno de sus hombres sabía cuál
era su tarea dentro de la cancha, tanto es así que no hubo jugador
dentro de sus filas que terminara liderando un departamento
individual en la etapa clasificatoria.
Este equipo funcionó como un reloj bien ajustado, lo dicen los
números colectivos, en los que dominaron casi todas las
estadísticas. El principal, la puntería desde la larga distancia,
donde los giraldillos promediaron (35%) y encestaron 204 canastas de
tres puntos, máximos del torneo.
En la semifinal, frente al aguerrido elenco de Matanzas, los
azules luego de dividir en la Atenas de Cuba, dieron una disertación
de buen baloncesto en casa y se llevaron par de victorias por amplio
margen para sentenciar el play off. Fue determinante la actuación
del alero pívot Orestes Torres, quien promedió 19 tantos por choque,
y dijo estar en su mejor momento.
También destacar el quehacer del pívot sensación de la LSB,
Crismay Paumier, pues sus donqueos se robaron el espectáculo.
Por su parte, Ciego de Ávila demostró que sus cuatro títulos de
forma consecutiva no fueron obra de la casualidad, sino de su
talento y buen desempeño en el tabloncillo.
Después de una campaña con altas y bajas, sacaron el extra de los
campeones y terminaron como segundos en la tabla de posiciones. Ese
lugar los llevó al enfrentamiento semifinal con el que parecía ser
el conjunto que le pondría el cascabel al gato, Camagüey. Los de la
tierra de los tinajones lograron una importante victoria en suelo
avileño, y fueron para casa con el play off empatado a un triunfo
por bando. Sin embargo, los Búfalos, con Georffrie Silvestre
desbordado a la ofensiva, les encajaron dos derrotas a los agramontinos, para arribar a la gran final por quinta ocasión.
Es bien difícil ofrecer un pronóstico sobre lo que se avecina en
esta final. Será determinante el planteamiento técnico-táctico que
impongan sus directores dentro de la cancha.