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Esas novedades saltaron al oído durante la presentación del
espectáculo con el que cerró en el teatro Mella esta semana una
ardua y feliz gira nacional, en la que el flautista, compositor y
orquestador, al frente de su banda, comprobó en diversas plazas el
poder de convocatoria de creaciones hechas tanto a la medida del
bailador como de los que buscan una propuesta emocional e
intelectualmente elaborada en términos musicales.
Sentimiento y razón van de la mano tanto en un tema eminentemente
bailable como el que da título al disco, como en Descarga dura,
en el que el autor sube la parada en la imbricación de planos
sonoros y motivos improvisatorios desde una perspectiva muy suya del
jazz afrocubano, que comenzó a perfilarse una década atrás con
Descarga total.
En la entrega del Mella, esta pieza fue favorecida no solo por el
explosivo ingenio de Maraca en la flauta, sino también por la
potencia desafiante de la trompeta de Alexander Abreu, la
sensibilidad de Elmer Ferrer para arrimar el sonido de la guitarra
eléctrica rockera a los predios de la insularidad, y el sugestivo
ritmo interior del toque mágico del venerable pianista Guillermo
Rubalcaba.
Elmer y Maraca dominaron los solos de Guajira de Mimí, en
la cual el eco de una tonada rural por excelencia se transforma en
un gustoso cha cha cha.
Además de los cantantes habituales de la banda de Maraca, este
llamó a su hermano Yumurí, uno de esos soneros de pura ley que
combinan calidad y simpatía, y al rapero Amniel Castellanos.
Entre las sorpresas del espectáculo destacaron las contribuciones
de Los Originalitos, una orquesta de niños y adolescentes
manzanilleros a imagen y semejanza de la agrupación de Pachi
Naranjo, y de Ulises Toirac, quien trajo a escena con su gracia
única chistes actuales.
El final, concebido artísticamente por Celine Cheaveau, devolvió
a un Tata Güines redivivo en los toques y cantos de El Nene, Yoruba
Andabo, la fuerza arrasadora de la banda de Maraca, Otra Visión, y
el magisterio de los bailarines folclóricos. Guaguancó, pieza
incluida en el disco, nos recordó que el legado de Tata no puede
dejar de ser festivo.