Nuestra fuente no puede ser identificada por su nombre. Ahora
integrado a la vida civil en el área de Tel Aviv, el ex soldado
tiene unos 30 años. Su unidad especial había sido entrenada para un
asesinato, pero luego les dijeron que sería una operación de
arresto. Solo dispararían si el hombre en cuestión tenía armas
dentro de su coche. "Nos sentimos bastante molestos porque sería un
arresto. Queríamos matar", dijo. La unidad entonces fue hacia el
sur, a Gaza, y se colocó en posición. Era el 22 de noviembre del
2000.
El incidente descrito por el ex soldado parece casi trivial en
comparación con todo lo que ha pasado desde entonces en Gaza,
culminando con las más de 1 200 víctimas palestinas infligidas por
la Operación Plomo Fundido en enero de este año.
Tel
Aviv ignora el dolor de los palestinos.
El principal objetivo del escuadrón era un militante palestino
llamado Jamal Abdel Razeq. Estaba en el asiento de pasajero de un
Hyundai negro conducido hacia el norte en la dirección de Khan
Younis por su compañero Awni Dhuheir. Ambos hombres ignoraban por
completo la trampa que los esperaba cerca del cruce Morag.
Esa sección de la principal carretera Salahadin, de norte a sur
en Gaza, pasaba directamente junto a un asentamiento judío. Razeq
estaba acostumbrado a ver un transporte blindado de personal (APC)
al borde de la ruta, pero no tenía idea de que su personal regular
había sido reemplazado por hombres de una unidad especial de elite
de la fuerza aérea, incluyendo a por lo menos dos francotiradores
altamente entrenados.
Desde que dejó su casa en Rafah esa mañana, Shin Bet —el servicio
de inteligencia israelí— había estado monitoreando cada movimiento
de Razeq con especial exactitud, gracias a un comentario continuo
desde los teléfonos móviles de dos colaboracionistas palestinos,
entre ellos uno de sus propios tíos. El hombre que debía matarlo
dice que le "sorprendió" el detalle transmitido al comandante de la
unidad desde Shin Bet: "Cuánto café tenía en su vaso, cuándo partía.
Sabían que tenía un conductor (y)¼
dijeron que tenía armas en el maletero, no en el coche. Durante 20
minutos supimos que iba a ser un simple arresto, porque no tenía
armas en el coche".
Pero entonces, dice, las órdenes cambiaron repentinamente.
"Dijeron que faltaba un minuto para que llegara, y recibimos la
orden de que después de todo sería un asesinato". Piensa que provino
desde un cuarto de operaciones establecido para la operación y su
impresión fue que "todos los grandes jefes estaban allí", entre
ellos un brigadier general.
Los dos palestinos seguramente todavía no sospechaban nada al
aproximarse al cruce, incluso cuando un gran camión de
aprovisionamiento del ejército israelí salió de un lado, girando
para cortarles el camino. No tenían modo de saber que el camión
estaba repleto de soldados armados, esperando ese momento. Un todo
terreno fue enviado por la carretera, solo en caso de que sucediera
"algo realmente malo".
Pero algo anduvo mal: el camión salió demasiado rápido, y bloqueó
no solo a los militantes en su Hyundai negro, sino al taxi Mercedes
blanco que iba frente a ellos. Llevaba a Sami Abu Laban, de 29 años,
panadero y a Na'el Al Leddawi, 22 años, estudiante. Iban en camino
desde Rafah a Khan Younis para tratar de comprar algo de escaso
diesel para operar sus hornos para pan.
Al acercarse el momento crítico, el francotirador comenzó a
temblar de la cintura hacia abajo. "Lo que pasa entonces es que
estoy esperando que venga el coche y pierdo control de mis piernas.
Tengo un M16 con digicom (mira especial para francotirador). Fue una
de las cosas más extrañas que jamás me hayan pasado. Me sentía
completamente concentrado. Así que mientras contábamos los segundos,
comenzamos a ver a los coches, y vimos que venían dos coches, no
uno. Había un primer coche muy cercano al siguiente y cuando vino el
camión, un poco temprano, ambos coches se detuvieron. Todo se
detuvo. Nos dieron dos segundos y dijeron: "¡Disparen! ¡Fuego!"
¿Quién dio la orden y a quién? El comandante de la unidad¼
a todos. Todos oyeron ‘¡Fuego!’"
El objetivo, Razeq, iba en el asiento de pasajero, más cercano al
APC. "No dudo de que lo tengo en la mira. Comienzo a disparar. Todos
comienzan a disparar y pierdo el control. Disparo durante uno o dos
segundos. Conté después —disparé 11 balas a su cabeza—. Podría haber
disparado un solo tiro y basta. Fueron cinco segundos de disparos".
"Miré por el visor, vi la mitad de su cabeza. No tenía motivo
para disparar 11 balas. Pienso que tal vez haya sido por miedo, tal
vez para encarar todas las cosas que están sucediendo. Seguí
disparando".
"Si mal no recuerdo, la orden de disparar no fue específica para
los francotiradores en el APC. No puedo saber con seguridad si los
soldados en el camión pensaron incorrectamente que parte de los
disparos iban dirigidos contra ellos desde los coches". Pero dijo
que después que se detuvo "los disparos se hicieron aún peores.
Pienso que la gente en el camión comenzó a llenarse de pánico.
Disparan y uno de los coches comienza a partir y el comandante dice:
‘¡alto!, ¡alto!, ¡alto!’ Tarda un par de segundos en detenerse por
completo y veo después que ambos coches están llenos de agujeros. El
primer coche, también, el que estaba allí por coincidencia".
Razeq y Dhuheir, los militantes, estaban muertos. También Abu
Laban y Al Leddawi. Milagrosamente; el conductor del taxi, Nahed
Fuju, estaba ileso. El francotirador solo recuerda uno de los cuatro
cuerpos que yacían por el suelo. "Me horrorizó ese cuerpo. Era como
un saco. Estaba lleno de moscas. Y preguntaron quién disparó al
primer coche (el Mercedes) y nadie respondió. Pienso que todos
estaban confundidos. Era obvio que había sido un desatino y nadie lo
admitía". Pero el comandante no realizó un interrogatorio formal
hasta que la unidad volvió a su base principal.
"El comandante entró y dijo: ‘Felicitaciones. Recibimos un
llamado telefónico del Primer Ministro y del Ministro de Defensa y
del Jefe de Estado Mayor. Todos nos felicitaron. Tuvimos un éxito
perfecto en nuestra misión. Gracias.’ Y desde ese momento, comprendí
que estaban muy contentos". Dice que la única discusión fue sobre el
riesgo real de que podría haber habido bajas entre los soldados por
fuego amigo en el tiroteo, en el cual por lo menos uno de los
vehículos del ejército israelí fue alcanzado por el rebote de balas,
y al final de lo cual por lo menos un soldado incluso salió del
todoterreno y disparó a un cuerpo inerte en el suelo.
Dijo que su impresión era que "querían que la prensa o los
palestinos supieran que dábamos un paso más en nuestra lucha," y
agrega: "El sentimiento fue de un gran éxito y yo esperaba un
interrogatorio que hiciera todas esas preguntas, que mostrara algún
pesar por alguna falla, pero no ocurrió. Lo único que sentí es que
los comandantes sabían que había sido un gran éxito político para
ellos".
El incidente causó inmediatamente una cierta conmoción. Mohammed
Dahlan, entonces jefe de la Seguridad Preventiva dirigida por Fatah
en Gaza, lo llamó "un asesinato barbárico." El informe presentado
entonces a la prensa por el brigadier general Yair Naveh, a cargo de
las fuerzas del ejército israelí en Gaza, fue que iba a ser una
operación de arresto, pero que al darse cuenta de que algo andaba
mal, Razeq había sacado un rifle Kalashnikov e intentado abrir fuego
a las fuerzas israelíes, y entonces los soldados dispararon contra
su vehículo. Aunque Razeq era el principal objetivo, se afirmó, las
dos víctimas en el taxi eran también activistas de Fatah "con
vínculos con Razeq".
El señor Al Leddawi dijo la semana pasada que la presencia de su
hijo fue un trágico accidente de coincidencia y que la familia nunca
había oído hablar de los otros dos hombres. "Fue todo por
coincidencia que hayan estado allí", dijo: "No tenemos nada que ver
con la resistencia en esta familia." Fuera de decir que no había
recibido "ni un solo shékel" en compensación, el taxista, señor Fuju,
no quiso hablar con nosotros en Rafah la semana pasada. "¿Queréis
entrevistarme para que los israelíes bombardeen mi casa?"
(Fragmentos. Tomado de The Independent)