Laure Donnat brilló en La Habana

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Foto: Yordanka AlmaguerLa Semana de la Francofonía en Cuba vivió una nueva edad de oro con la presentación de Laure Donnat. Sostenida por una banda impecable la vocalista francesa mostró que es una de esas criaturas de escena capaces de situar y definir el espíritu del jazz con canciones que destilan alma y sentimiento.

El público congregado en la sala Hubert de Blanck no resistió la tentación de entregarse a los encantos de una voz que parecía haber cobrado vida propia sobre el escenario. Se movía con absoluta impunidad por diversos registros vocales y manejaba a la perfección el tránsito entre atmósferas, a ratos intensamente apasionadas y a ratos engarzadas con delicada intimidad.

La Donnat eligió para su actuación un repertorio basado principalmente en versiones de temas de carácter universal, que transpiran los cálidos climas del jazz, guiños cómplices al universo inquietante de Leo Ferré, exploraciones sonoras que asumen la extraña melancolía de la chanson francesa, y melodías de efecto inmediato que sacan a relucir los sentimientos que abren la piel.

Su facilidad para descifrar estilos de diverso signo desde una óptica propia le sirvió como vía de acceso para reconfigurar patrones sonoros de canciones con varios años de carretera, pero que, gracias a su original planteamiento musical, parecen acabadas de surgir, dando origen a estimables traducciones culturales que proporcionan la grata sensación de que algo nuevo está naciendo.

El imán inconfundible de su voz, respaldada por las interpretaciones de Emilio Morales (piano), Frank Rubio (contrabajo), el Chino Verdecia (guitarra) y Ruy López-Nussa (batería), reveló toda su textura en las sugerentes apropiaciones de piezas como Piensa en mí, de Agustín Lara, y Bésame mucho, de Consuelo Velásquez, en la que invitó a Bobby Carcassés, quien demostró una vez más que en sus venas corre sangre de la mejor música cubana.

Bobby hizo honor a su condición de showman y sacó a pasear sus desarrollados sentidos artísticos —esos que lo llevaron, entre otras cosas, a fundar el Festival Jazz Plaza— para realizar una nítida interpretación que contribuyó a potenciar el concierto de la Donnat, cuya vocación universal y pulsión juvenil le permitieron establecer puntos en común con los ritmos de arquitectura alternativa que vigorizan el pentagrama contemporáneo, desarrollar estados emocionales inspirados por la leyenda de Cassandra Wilson, administrar precisas dosis de soul o acariciar por momentos las vibraciones existenciales y desgarramientos del trip hop patentado por Bjork.

La artista francesa también compartió con los espectadores su visión del arte como transmisor de ideas y generador de una actitud crítica y cuestionadora. La canción Straight ahead indagó en las causas de la convulsa situación mundial y plantó cara a las preocupaciones que le rompen el corazón.

La estructura del espectáculo cobró una nueva dimensión desde que Bobby y Laure se dieron el lujo de unir sus personalidades musicales para probar caminos novedosos y crear dinámicos lenguajes sonoros, en perfecta comunión con la energía ancestral del jazz.

Y ambos aprovecharon el componente de improvisación del género y de sus ritmos adyacentes para afrontar una especie de "pelea del alma" que convirtió al teatro en un hervidero de emociones. Bobby lanzaba desde su esquina certeras melodías con gancho y Laure pasaba al frente para responder con sus mejores armas de seducción: rimas contagiosas y penetrantes que parecían a punto de explotar ante los ojos de un público que descansó durante toda la noche en los brazos del éxtasis.

 

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