La
Semana de la Francofonía en Cuba vivió una nueva edad de oro con la
presentación de Laure Donnat. Sostenida por una banda impecable la
vocalista francesa mostró que es una de esas criaturas de escena
capaces de situar y definir el espíritu del jazz con canciones que
destilan alma y sentimiento.
El público congregado en la sala Hubert de Blanck no resistió la
tentación de entregarse a los encantos de una voz que parecía haber
cobrado vida propia sobre el escenario. Se movía con absoluta
impunidad por diversos registros vocales y manejaba a la perfección
el tránsito entre atmósferas, a ratos intensamente apasionadas y a
ratos engarzadas con delicada intimidad.
La Donnat eligió para su actuación un repertorio basado
principalmente en versiones de temas de carácter universal, que
transpiran los cálidos climas del jazz, guiños cómplices al universo
inquietante de Leo Ferré, exploraciones sonoras que asumen la
extraña melancolía de la chanson francesa, y melodías de
efecto inmediato que sacan a relucir los sentimientos que abren la
piel.
Su facilidad para descifrar estilos de diverso signo desde una
óptica propia le sirvió como vía de acceso para reconfigurar
patrones sonoros de canciones con varios años de carretera, pero
que, gracias a su original planteamiento musical, parecen acabadas
de surgir, dando origen a estimables traducciones culturales que
proporcionan la grata sensación de que algo nuevo está naciendo.
El imán inconfundible de su voz, respaldada por las
interpretaciones de Emilio Morales (piano), Frank Rubio
(contrabajo), el Chino Verdecia (guitarra) y Ruy López-Nussa
(batería), reveló toda su textura en las sugerentes apropiaciones de
piezas como Piensa en mí, de Agustín Lara, y Bésame mucho,
de Consuelo Velásquez, en la que invitó a Bobby Carcassés, quien
demostró una vez más que en sus venas corre sangre de la mejor
música cubana.
Bobby hizo honor a su condición de showman y sacó a pasear
sus desarrollados sentidos artísticos —esos que lo llevaron, entre
otras cosas, a fundar el Festival Jazz Plaza— para realizar una
nítida interpretación que contribuyó a potenciar el concierto de la
Donnat, cuya vocación universal y pulsión juvenil le permitieron
establecer puntos en común con los ritmos de arquitectura
alternativa que vigorizan el pentagrama contemporáneo, desarrollar
estados emocionales inspirados por la leyenda de Cassandra Wilson,
administrar precisas dosis de soul o acariciar por momentos las
vibraciones existenciales y desgarramientos del trip hop patentado
por Bjork.
La artista francesa también compartió con los espectadores su
visión del arte como transmisor de ideas y generador de una actitud
crítica y cuestionadora. La canción Straight ahead indagó en
las causas de la convulsa situación mundial y plantó cara a las
preocupaciones que le rompen el corazón.
La estructura del espectáculo cobró una nueva dimensión desde que
Bobby y Laure se dieron el lujo de unir sus personalidades musicales
para probar caminos novedosos y crear dinámicos lenguajes sonoros,
en perfecta comunión con la energía ancestral del jazz.
Y ambos aprovecharon el componente de improvisación del género y
de sus ritmos adyacentes para afrontar una especie de "pelea del
alma" que convirtió al teatro en un hervidero de emociones. Bobby
lanzaba desde su esquina certeras melodías con gancho y Laure pasaba
al frente para responder con sus mejores armas de seducción: rimas
contagiosas y penetrantes que parecían a punto de explotar ante los
ojos de un público que descansó durante toda la noche en los brazos
del éxtasis.