Venezuela ha sido cuna de héroes como Bolívar, Miranda, Sucre, y
también de luchadores anónimos que contribuyeron, con su pluma y
coraje, a defender por tierras de América los ideales
revolucionarios y antimperialistas.
Uno de ellos fue el escritor Francisco Laguado Jayme, quien
siendo muy joven se destacó en su patria en el combate contra el
gobierno de Juan Vicente Gómez, y luchó por la justicia y la
libertad en Panamá, Santo Domingo y Cuba.
Nació el 9 de noviembre de 1898 en San Antonio del Táchira,
Venezuela, en la frontera con Colombia. Laguado Jayme llega a Cuba
como exiliado con apenas 21 años de edad, junto a otros
revolucionarios venezolanos empeñados en denunciar las patrañas de
los gobiernos opresores de la época.
Cuentan sus contemporáneos que se distinguía por su palabra
cortante y rotunda. En Cuba fundó y dirigió la revista Venezuela
Libre; luego América Libre, caracterizada por ser látigo de tiranos
y del imperialismo, y en la que publicó artículos como Asesino
y Venezuela ante el mundo, en los que fijó su postura
antimperialista, provocando la ira del dictador venezolano.
Es así que el Embajador de Venezuela en La Habana por encargo del
gobernante se empeñaba sin éxito en impedir que continuaran
publicándose los escritos de Laguado, pero este no se detuvo, lo que
provocó su asesinato.
Fue entonces, presumiblemente a mediados de marzo de 1929, cuando
Laguado Jayme "desapareció".
Después de la huida de Machado en 1933, comenzaron a salir a la
luz pública los crímenes y horrores del régimen tiránico. Una joven
abogada que había mantenido lazos de amistad con el joven
venezolano, presentó una denuncia contra agentes machadistas por la
desaparición de Laguado.
Dos miembros de la policía secreta que trabajaban para aquel
régimen, se conoció, fueron sus asesinos. Con las manos esposadas lo
llevaron al Muelle de Caballería, posiblemente en la noche del 21 de
marzo de 1929 y a bordo de una embarcación lo trasladaron rumbo al
Pescante del Morro, fuera de la bahía habanera.
Allí luego de propinarle una contundente paliza, casi inerte por
los golpes y esposado, los esbirros lo lanzaron al mar. Su cuerpo
jamás apareció.