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La preparación de un nuevo tratado sobre reducción de armamentos
estratégicos ofensivos figura entre los temas principales pendientes
en las relaciones de Rusia y Estados Unidos, afirmó hoy una fuente
diplomática.
Al responder a preguntas de la prensa, el portavoz del Ministerio
ruso de Asuntos Exteriores, Andrei Nesterenko, dijo que en esta
primera etapa se prestará especial atención a dicha problemática.
El actual tratado bilateral (START-1) caducará en diciembre
próximo y Moscú intenta convencer a Washington sobre la necesidad de
nuevas bases jurídicas para el control de los arsenales
estratégicos, ajustadas a las realidades actuales.
Rubricado en 1991, el START-1 limita el arsenal atómico de
Estados Unidos y de Rusia a mil 600 misiles y seis mil ojivas
nucleares.
Nesterenko opinó en tal sentido que resulta contraproducente una
prolongación técnica del Tratado por cuanto el existente no
constituye un medio efectivo de control en el área de los armamentos
estratégicos ofensivos.
Aunque en principio los mecanismos de verificación contemplados
en el START-1 podrían ser útiles, la contraparte rusa propone
establecer techos más bajos en cuanto a los portadores estratégicos
y sus ojivas nucleares.
Otro de los aspectos sin consenso por ahora tiene que ver con la
concepción norteamericana de uso de armamentos ofensivos en
arsenales convencionales, notificó el vocero de la Cancillería.
En cuanto a las estancadas negociaciones sobre la proyectada
instalación del escudo antimisil de Estados Unidos en Europa, el
diplomático ruso consideró que Moscú y Washington tienen
posibilidades potenciales para ponerse de acuerdo en esa
problemática.
Al reiterar la oposición de Rusia, Nesterenko dijo que los planes
unilaterales impulsados por la administración del ex presidente
George W. Bush representan una amenaza a las fuerzas de contención
estratégica rusas.
Estaremos obligados a tener en cuenta dicho factor en nuestra
política defensiva, alegó, al tiempo que aclaró que no se trata de
fobia, sino del resultado de un análisis técnico militar del
proyecto de defensa antimisil estadounidense.
Según el Kremlin no existen causas objetivas para el despliegue
de elementos estratégicos del escudo en Europa, en tanto esos pasos
minan las relaciones ruso-estadounidenses y la seguridad
internacional.
Rusia confía, al mismo tiempo, en una reacción constructiva de la
nueva administración de Barack Obama en torno al fortalecimiento del
régimen de no proliferación de armas de destrucción masiva, el
emplazamiento de armamentos nucleares en el cosmos y de un sistema
de seguridad colectiva en Europa.
De modo general Moscú espera nuevos aires desde Washington para
zanjar una serie de temas pendientes en las relaciones bilaterales.