El partido del martes, en el Petco Park, fue todo eso y algo más,
pues estaba en juego la clasificación para las semifinales del
Segundo Clásico Mundial, un evento que nació hace tres años con
muchas dificultades pero que pegó por su originalidad y su innegable
calidad.
Por segunda ocasión en menos de dos semanas Sudcorea volvió a
derrotar a sus eternos rivales. ¿La fórmula? Pitcheo, mucho pitcheo,
y defensa, excelente defensa, la que le faltó a los japoneses en el
capítulo inicial, dejando abierta una brecha por donde se colaron
sus rivales.
Ambos mentores colocaron en el box a sus segundos abridores, que
pudieran ser los primeros si no fuera —en el caso de los nipones—,
por la presencia de un auténtico pitcher fuera de serie como
Matsuzaka. Yu Darvish y el zurdo Jung Keun Bong son dos lanzadores
con grandes recursos y capacidad suficiente para salir airosos a
cualquier nivel.
Bong estuvo tres años en Grandes Ligas. Su arsenal comprende una
recta de cuatro costuras que puede llegar a las 94 millas, una curva
a 76 y un excelente cambio de velocidad que alcanza las 82 millas,
tirado cuando se debe y con los mismos movimientos con los que lanza
la recta.
De Darvish he escrito en otra ocasión. Se trata de un prospecto
de 22 años que el martes llegó a las 97 millas con su bola rápida,
mezclada con la slider, la curva, el cambio y la recta cortada. Fue
muy mal defendido por su cuadro en el primer acto, primero por el
camarero Iwamura, indeciso a la hora de capturar un roletazo que
convirtió en jit, y luego por el torpedero Kataoka, al dejar caer el
tiro de Iwamura.
Después llegó al home el jardinero derecho Yong-Kyu Lee quien fue
con la marcada intención de pegarle a una recta de Darvish: se
afincó todo lo que pudo, dejó pasar una curva y una slider y le dio
a una rápida de 96 millas para sacar un jit de dos carreras que
decidió el desafío más temprano de lo que nadie podía pensar.
Llama la atención en la alineación japonesa la obstinación del
mentor Tatsunori Hara de mantener en el primer turno al bate a
Ichiro Suzuki, quien lleva de 9-0 en esta segunda fase de la justa
y, en total, solo ha conectado cuatro indiscutibles en 23 turnos
oficiales, sin haber recibido una sola base por bolas.
Quizás en el béisbol exista un código no escrito de que las
estrellas no se sientan, por muy mal que estén. Pero este es un
deporte colectivo donde el equipo será siempre lo primero. Pudiera
ser ese concepto el que prima en la selección sudcoreana, pues solo
uno de sus miembros no tiene vez al bate.
Sudcorea ya ganó su boleto para las semifinales —como lo
consiguió también hace tres años—, con 11 victorias en las dos
ediciones del Clásico. Es ya una potencia que crece año tras año,
con dos títulos mundiales juveniles y una medalla olímpica de oro.
No será nada fácil derrotarla en Los Ángeles.