Helechos y mariposas

Liuba crece en el Karl Marx

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

No caben dudas: Liuba María Hevia es uno de esos imprescindibles ángeles que le ha nacido a la canción cubana en estos tiempos. Con su centro de gravedad en el oficio juglaresco e irradiando venturas hacia otras zonas de la canción cubana y del ámbito de Iberoamérica, creció sobre la escena del teatro Karl Marx en un concierto que reveló sus notables dotes como compositora, intérprete y, mucho más importante, música en toda la extensión de la línea. Solo así se explica la convicción de su compromiso con la autenticidad y la belleza.

Liuba María y Doimeadiós se complementan en la escena. foto: Juvenal Balán

La cantante quiso repasar los hitos de una carrera discográfica iniciada hace más de tres lustros, cuando Coloreando la esperanza (1993) registró lo que ya se veía venir y que en el verbo imantado de Eusebio Leal encontró una curiosa pero exacta definición: Liuba dibuja helechos y mariposas con su voz.

Así transitó desde el aventurado y desgarrador mensaje que nos habla de cómo "sin tu amor la vida se demora / el mundo se desploma / si me invade tu sonrisa", a la recreación de la atmósfera montuna de nuestras canturías en La guayabita, sin olvidar esos acentos que renuevan la sencillez de la tonada rural, la melancolía de la habanera y la nocturnidad de la milonga. ¿Quién puede permanecer inconmovible ante la radicalidad de ese viaje de ida y vuelta que plantea en la canción a su abuelo asturiano?

Fue generosa y sincera al revisitar temas de esas "tres eses" tan afines a su sensibilidad: Serrat, Silvio y Sabina. Y estremeció al auditorio con una incursión en la célebre Balada para un loco (Horacio Ferrer, Astor Piazzolla, 1969), representada junto al todoterreno Osvaldo Doimeadiós, también responsable de encauzar las riendas de un espectáculo, complementado por los esbozos coreográficos de la laureada Tania Vergara y la compañía Endedans, la calidad instrumental del violinista Ariel Sarduy (cinco puntos a su intervención en El violín de Becho, del uruguayo Zitarrosa) y la cellista Felipa Moncada, el apoyo del novel Ensemble Alternativo, que conduce la maestra Greta Rodríguez, y la solvencia de sus propios músicos.

A Liuba no debe haberla sorprendido el modo con que el público coreó junto a ella sus temas para niños. Es que cuando se canta de veras —como Liuba ha sabido hacerlo desde los versos de la siempre recordada Ada Elba Pérez— no hay edad. Quien escribe estas líneas confiesa que seguirá aguardando cada mañana con la voz que nos dice: "El despertar, capitán del día / llena mi cama de algarabía. / Es un ladrón / que se disfraza con rayos de sol".

 

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