Búscalo que está allá abajo

Una labor medular en el proceso de búsqueda de petróleo radica en la perforación de pozos. Los hombres que trabajan en el Varadero Oeste 1000 cuentan sobre tan compleja función

Ventura de Jesús

La perforación de un pozo es una lucha contra la naturaleza las 24 horas del día. Una empresa costosa que lamentablemente no siempre da los frutos deseados.

El desplazamiento básicamente horizontal es para Julio Jiménez el mayor desafío en este empeño.

Barrenas tricónicas con dientes de carbono de tungsteno van abriéndose paso hacia las entrañas de la tierra con el auxilio de un motor de fondo accionado desde la superficie.

Tubos acerados de diez metros de largo, debidamente engarzados, conducen la barrena seleccionada en función de la dureza de la piedra.

Con el propósito de evitar derrumbes, cada cierto tramo colocan camisas de revestimiento para consolidar el caño del pozo.

No se trata de un trabajo a ciegas. Sobre la base de la información recogida por diferentes vías se aplica la receta tecnológica. Pero esta puede variar una y otra vez. Por eso los especialistas suelen asegurar que el mejor geólogo es la barrena.

Desde aquí arriba se necesita mucha imaginación para saber a ciencia cierta qué ocurre allá abajo, sostiene Julio Jiménez Vázquez, director de perforación de Cupet.

Cinturón fértil

Julio se considera apenas uno más entre los casi 80 hombres que día a día siguen la suerte de este pozo, iniciado el 8 de enero en las proximidades del poblado de Boca de Camarioca. Es el Varadero Oeste 1000, el de mayor extensión (6 000 metros) y complejidad encarado en Cuba.

La perforación de un pozo de petróleo es una labor ininterrumpida.

Lo escarbado hasta la fecha supera los 2 000 metros y no han tenido que lamentar grandes contratiempos. Piensan terminarlo en los primeros días de julio, aunque aún falta mucho por agujerear y cualquier cosa puede ocurrir.

Según Julio, estudios sísmicos y las últimas perforaciones demuestran que el yacimiento de Varadero se extiende hacia el oeste y más al norte. Los pozos más cercanos señalan la fertilidad en la zona.

Pero para llegar al próximo escenario productivo es preciso taladrar un tramo mayor al acostumbrado y una buena parte hacerlo por debajo del mar.

La otra opción posible sería levantar una plataforma a unos cinco kilómetros mar adentro, pero eso implica un costo diez veces superior que hacerlo desde tierra.

—¿Qué realmente distingue a este pozo del resto?

"Es un pozo de largo alcance. El mayor desafío estriba, sin embargo, en que el desplazamiento es básicamente casi horizontal y como indica la lógica, es mucho más difícil que hacerlo hacia abajo. Este pozo baja en profundidad 1 800 metros por la vertical y 5 100 por la horizontal.

Los controladores no se pierden un detalle.

"Empezamos con un diámetro de barrena de 26 pulgadas y no 17 y media como se hacía antes. De esa manera utilizamos una camisa de revestimiento de mayor diámetro y se evitan en mayor grado los derrumbes y la pérdida de circulación. En la medida que avanzamos se reducen los diámetros.

"Ya bajamos la primera camisa a 300 metros y la segunda a 1 200. Nunca en Cuba habíamos descendido una camisa de trece tres octavos de pulgada a esa distancia. A los 3 100 pensamos deslizar la tercera camisa, con lo cual tendríamos la mitad de la batalla ganada y listos para acometer la perforación dentro de la formación productora, pues se trata del tramo más complicado, donde aparecen las arcillas y las mayores complejidades geológicas ya estarían aseguradas con la camisa."

—¿Alguna preocupación adicional?

"Para nosotros esto es como la primera vez que salió el hombre al cosmos. Un pozo de esta envergadura siempre origina inquietud. Eso sí, trabajamos con los mejores especialistas y contamos con el apoyo de compañías muy competentes. Para cada una de las posibles contingencias o riesgos tenemos un programa."

Tocar el cielo

Alexis Rodríguez, jefe de supervisión, sostiene que las operaciones han sido efectivas. "Hemos experimentado cosas nuevas y no hemos enfrentado ninguna situación considerable. Lo de siempre: algún que otro pequeño derrumbe, pero nada serio".

Comenta Ramón Valladares, jefe del equipo de perforación, que por fortuna no se han topado con una formación más dura que dificulte el avance.

Uno de los torreros, Ramiro Cañizares Jiménez, habla del riesgo que implica trabajar a 28 metros de altura. "El esfuerzo físico es grande, pero lo peor es que debemos mantenernos en el puesto de trabajo aunque haga frío, llueva, truene o relampaguee".

Otra bondad de este empeño laboral es el espíritu de preservación del medio ambiente. Según Julio Jiménez cuentan con el personal y los recursos necesarios para hacerle frente a cualquier contingencia. "Tenemos un plan de reducción de desastres y garantizamos que todos los desechos que se originan sean depositados en el lugar indicado".

—¿Cuál sería en cambio la mejor compensación a todo este esfuerzo?

"Que al llegar a las entrañas de la tierra el filón esté lleno. Es la expresión de felicidad suprema para nosotros. Es algo así como tocar el cielo y que valió la pena bajar a buscarlo."

 

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