Muntadar
al Zaidi, el periodista iraquí que le arrojó sus zapatos al ex
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el 15 de diciembre
pasado, fue condenado en Bagdad a tres años de prisión.
La decisión la tomó el Tribunal Central Criminal de Iraq, formado
por tres jueces, en una audiencia de solo 15 minutos, luego del
argumento de la fiscalía de que Zaidi había agredido a un mandatario
extranjero.
Para nada los jueces tuvieron en cuenta que el "agredido" había
sido George W. Bush, el mismo que había ordenado la invasión y
ocupación de ese país, que al cabo de casi seis años ha provocado la
muerte a alrededor de un millón de iraquíes, así como la destrucción
casi total de su infraestructura industrial, cultural y social.
Mucho menos consideraron que esa invasión se justificó con
argumentos falsos.
El reo, que se había declarado inocente, afirmó que no se
arrepentía de nada, por cuanto considera su reacción como natural,
como lo habría hecho cualquier otro ciudadano de su país; además fue
muy claro al catalogar a Bush como "un perro" y decirle que los
zapatos eran "un beso de despedida" de aquellos que habían muerto,
quedado huérfanos o enviudado en Iraq.
Según los abogados defensores, el periodista estaba expresando su
oposición a la presencia de Estados Unidos en la nación árabe.
Bush nunca estuvo en peligro. "¿Han escuchado alguna vez que
alguien haya muerto por un zapatazo?", dijo el abogado Dhiaa al-Saadi,
en diciembre.
Cuando se conoce la sentencia, ya Bush no es presidente, pero
Iraq sigue ocupado por más de 160 000 soldados norteamericanos, y la
violencia y el caos llevados allí por las tropas foráneas, tapizan
esa tierra con sangre donde conviven patriotas de la resistencia
armada junto a hombres como Muntadar al Zaidi.
Su más potente arma es la razón y un patriotismo enraizado en un
pueblo que se siente humillado por la bota militar extranjera. No
olvidemos que desde el momento de la invasión en marzo del año 2003,
han muerto allí también 295 periodistas iraquíes.