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Alemania amaneció hoy en duelo por las víctimas de una masacre
cometida por un joven en una escuela secundaria del estado
suroriental de Baden-Wuerttemberg y en medio de interrogantes sobre
la libertad para portar armas.
El ministro de Educación del referido estado germano, Helmut Rau,
admitió la posibilidad de una imitación en otros planteles de los 15
asesinatos perpetrados ayer por el ex alumno Tim Kretschmer, de 17
años, en la secundaria de Albertville, en la ciudad de Winnenden.
Kretschmer, vestido con un uniforme paramilitar negro, irrumpió
en el centro escolar y mató a sangre fría, con una pistola Beretta y
disparos certeros en la cabeza, a nueve estudiantes (ocho de ellos
chicas) de entre 14 y 15 años de edad y a tres profesores.
Luego realizó una huida de 40 kilómetros al centro de Wendlingen,
por el camino ultimó a un jardinero, en el aparcamiento de un
supermercado a un vendedor y a un cliente y, finalmente, se suicidó
al verse acorralado por la policía. En el tiroteo con los agentes
que lo perseguían hirió a dos de ellos y en la escuela a cinco
estudiantes y dos profesores.
Las autoridades se vieron obligadas a poner bajo protección al
padre y tío del homicida, quien había anunciado la masacre en un
portal de Internet, pocas horas antes del hecho, confirmó el
Ministerio del Interior de Baden-Wuerttemberg, Herlbert Bech.
Nadie reconoce mi potencial, estoy harto de esta vida, escribió
el ex alumno de 17 años en su chat de Internet.
El padre de Kretschmer, dueño de una empresa con unos 150
empleados, poseía un arsenal de unos 20 armamentos, todos guardados
bajo llave, excepto la pistola y las municiones utilizadas en el
crimen, señala la prensa capitalina.
De acuerdo con el canal de televisión N24, el adolescente
aprendió a disparar en un club de tiro, al cual pertenecía su padre.