La ayuda militar de EE.UU. a Israel es dosificada en incrementos
anuales de miles de millones de dólares, pero prácticamente no es
cuestionada mientras otros desembolsos fiscales son drásticamente
recortados.
Washington y Tel Aviv firmaron un Memorando de Entendimiento en
agosto del 2007, comprometiendo a EE.UU. a dar a Israel 30 000
millones de dólares en ayuda militar durante la próxima década. Es
un subsidio, pagado en efectivo al comienzo de cada año fiscal. La
única estipulación impuesta al uso de ese regalo en efectivo es que
Israel gaste un 74% en la compra de bienes y servicios militares de
Estados Unidos.
La primera donación bajo este acuerdo fue hecha en octubre del
2008, para el año fiscal 2009, por una suma de 2 550 millones de
dólares. Para llevar el monto total de diez años a 30 000 millones,
las cantidades aumentarán gradualmente hasta llegar a un nivel anual
de 3 100 millones de dólares en el año fiscal 2013. Así continuará
hasta el 2018.
Israel es de lejos el mayor receptor de ayuda al extranjero de
EE.UU. Desde 1949, la Casa Blanca ha suministrado a Israel 101 000
millones de dólares en ayuda total, de los cuales 53 000 millones
han sido ayuda militar. Durante los últimos 20 años, Israel ha
recibido un promedio de 3 000 millones de dólares por año en
subsidios; hasta ahora ha sido una mezcla de ayuda económica y
militar.
Israel tiene su ayuda bajo condiciones mucho más favorables que
algún otro receptor. Egipto, por ejemplo, recibe 2 000 millones de
dólares al año en ayuda económica, pero es un préstamo y deben ser
reembolsados. Arabia Saudita también tiene equipamiento militar del
Pentágono en su arsenal, pero compra y paga por ese equipamiento, y
no es un regalo como en el caso de Israel.
Cuando Israel ataca a los palestinos, como lo hizo durante el
reciente ataque contra Gaza, sus instrumentos de destrucción son
jets de caza y helicópteros de ataque estadounidenses, misiles
estadounidenses, fósforo blanco hecho en EE.UU., aplanadoras
Caterpillar made in USA.
Toda esta destrucción fabricada en EE.UU. es claramente
identificable para las audiencias de televisión en todo el mundo
árabe y musulmán, donde los televidentes reciben una dieta continua
de noticias que muestran a civiles palestinos muertos por armas
norteamericanas. Terroristas como Osama bin Laden logran encontrar
reclutas en esa vasta población, que siente afinidad con los
palestinos y se siente atacada por EE.UU.
La Ley de Ayuda al Exterior de EE.UU. estipula que no se puede
suministrar ayuda a un país que se involucra en un patrón permanente
de violaciones del derecho internacional de derechos humanos. Israel
ha sido acusado por organizaciones de derechos humanos precisamente
por tales violaciones durante el ataque contra Gaza y en agresiones
pasadas. Israel también viola la Ley de Control de las Exportaciones
de Armas, que estipula que las armas de EE.UU. deben ser utilizadas
solo para la "seguridad interior".
Este paquete de armas, además debilita seriamente la misión de
los mediadores de paz de la Casa Blanca, como la del ex senador
George Mitchell, recientemente nombrado por el presidente Obama como
enviado a Oriente Próximo.
Mientras Tel Aviv pueda sentirse seguro de que se le garantiza un
paquete anual de armamento de miles de millones de dólares, no
tendrá incentivo alguno para prestar atención a los esfuerzos de
mediación de Mitchell, para hacer las concesiones territoriales
necesarias para un acuerdo de paz, para dejar de construir
asentamientos y otra infraestructura en los territorios palestinos
ocupados, o para detener sus ataques contra palestinos.
Al comprometerse a este paquete de armas, EE.UU. debilita con una
mano el mismo acuerdo de paz que trata de promover con la otra. (CounterPunch.
Tomado de Rebelión)