Cenicero, una zona de 200 hectáreas en el delta del río Cauto en
territorio de Las Tunas, es asiento de uno de los más importantes
manglares interiores del oriente cubano bajo régimen de protección.
Ubicado a 38 kilómetros de la línea costera, su cuidado es
prioritario en la referida provincia, al considerar la relevancia de
estos ecosistemas boscosos conocidos también como relictos.
El licenciado Richard Olano, en una disertación sobre las 10
áreas de interés medio ambiental con diferentes estatus de
protección en Las Tunas, mencionó ese punto geográfico en el III
Taller Regional de Áreas Protegidas y Biodiversidad, realizado en
Holguín.
Olano destacó la rica y variada vida existente allí y en sus
áreas colindantes, asociada a la mayor cuenca hidrográfica del país,
refugio de plantas, aves, peces, crustáceos y reptiles de
importancia ecológica.
En particular, ese manglar es expresión de fenómenos naturales
singulares, vinculados a los procesos de emersión de las costas.
Los manglares integran un complejo ecosistema terrestre y
sumergido en zonas cenagosas o esteros con escurrimientos de agua
dulce, aunque también prosperan en ambientes salinos.
Suelen ser bosques bastante altos cuando abunda el agua dulce en
óptimo equilibrio con la salobre y los nutrientes, e igualmente
pequeños o hasta enanos al escasear esos elementos.
Protegen las costas de la erosión provocada por el oleaje, el
viento y las corrientes costeras, y actúan como filtros que evitan
la llegada de contaminantes a las barreras coralinas.
Las formaciones de estos manglares ocupan unos cinco mil
kilómetros cuadrados de superficie en la línea costera nacional.