De
hombres como Lázaro Peña González, fundador de la Central de
Trabajadores de Cuba (CTC), no se puede hablar en pasado, porque
está en la obra de todos, educando, esclareciendo, y, como hizo
siempre, señalando el camino acertado a la clase obrera cubana.
Nacido el 29 de mayo de 1911, en La Habana, su fecunda vida es
ejemplo de lealtad al partido de la clase obrera, fidelidad a los
principios del marxismo-leninismo, firmeza frente al peligro y a la
muerte. También de tenacidad y sabiduría para defender los derechos
de los trabajadores, unirlos y movilizarlos.
Fue en las honras fúnebres del gran dirigente sindical cuando
Fidel recordó que a Lázaro, que había nacido y crecido en la
pobreza, en la cruel y feroz sociedad capitalista, donde ser pobre
era sinónimo de humillación y dolor, el pueblo lo había hecho
incansable luchador.
Lo forjó la clase sufrida y explotada y su escuela fue la
fábrica, el taller, el trabajo, la explotación, la lucha misma, dijo
Fidel.
Como maestro de cuadros sindicales y Capitán de la clase obrera
cubana ha sido calificado Lázaro Peña, quien ingresó al movimiento
sindical a través de su vínculo con el sector tabacalero, desde
donde contribuyó a desarrollar una conciencia de clase en las masas
trabajadoras.
Desempeñó durante varios años, y en distintos periodos, la
Secretaría General de la CTC.
Quienes lo conocieron admiraban en él su ejemplo, indica a
Granma Luis Martell Rosa, otrora secretario general del
Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros.
"Haberlo tratado personalmente constituye para mí un privilegio",
dice, y recuerda: "Compartí su largo batallar en defensa de los
trabajadores. Lo recuerdo sencillo, caballeroso y afable al lado del
obrero, cualidades esenciales de un verdadero dirigente. Es
imposible calcular su capacidad de convocatoria.
"Lázaro fue un forjador de hombres, un guía, un conductor, un
maestro, junto al cual se aprendía mucho", refiere Martell Rosa, que
junto a él vivió momentos inolvidables del movimiento sindical, como
la organización del histórico XIII Congreso.
Los obreros veían en Lázaro —destaca— a un amigo, a un compañero.
Martell recuerda el momento en que le informan la muerte de
Lázaro y dice: "fue un duro golpe para la clase obrera" y repite "un
duro golpe" al tiempo que agrega "mientras tenga fuerza seguiré
llevando las ideas de Lázaro al movimiento sindical".
Por ello al cumplirse 35 años de su muerte, Lázaro anda aún entre
nosotros, con la imagen de su ejemplo, apoyando la construcción de
una sociedad más justa.