Cientos
de jóvenes llegaron desde bien temprano al teatro Karl Marx atraídos
por una alineación de músicos cuya sola mención de sus nombres es
capaz de llenar cualquier instalación: X Alfonso, Descemer Bueno,
David Torrens y Kelvis Ochoa, cuatro ases de la canción cubana
contemporánea que se reunieron para sumarse a las acciones por el XX
Aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, con el
auspicio de la oficina en Cuba del Fondo de Naciones Unidas para la
Infancia y el Centro Nacional de Música Popular.
El concierto, bajo la dirección del multifacético Jorge
Perugorría, tomó prestado el nombre de la Calle G, dado que "la
niñez, adolescencia y juventud siempre están asociadas con calles",
según comentó a la prensa el actor de Fresa y Chocolate.
"Bienvenidos a la Calle G", soltó X para comenzar un breve
recorrido por el estilo híbrido de sus canciones que se articularon
definitivamente a la esencia del espectáculo, respaldado por una
singular escenografía que estableció numerosos puntos en común con
la atmósfera nocturna de la célebre avenida capitalina. De hecho,
reproducía varios elementos que son su marca registrada: los bancos
levantados a un costado del escenario, rostros de muchachos que se
asomaban en una pantalla disfrazados al estilo glam o dark,
y chicas y chicos (miembros de Danza Abierta) que bailaban y se
subían en los hombros de sus parejas.
El ex Havana eligió para salir a escena el tema Revoluxion,
con el que desplegó toda la artillería del sonido X, y en un momento
se hizo acompañar, además, por las cálidas voces del Coro Nacional
Infantil.
Para la hora en que David Torrens irrumpió en el tablado la
multitud ya había entrado en calor y muchos se dejaron seducir por
melodías cargadas de historias que mueven y conmueven el alma.
Los organizadores del espectáculo también guardaban bajo la manga
una grata sorpresa. Se trataba del cantante, guitarrista y
compositor español Gaby Jogeix, quien se robó el protagonismo por
instantes. De ascendencia francesa, afincado en Madrid, Gaby subió a
las tablas sin avisar y dejó como locos a no pocos asistentes.
¿Quién iba a imaginar que, de pronto, en medio del escenario, este
joven músico podía convertirse en un showman total capaz de
caer en trance al pasearse por el paraíso del blues y de otros
ritmos de raíz negra? Nadie, pero así es Calle G.
A esta altura ya se esperaba con expectación la entrada en escena
de Descemer Bueno, uno de los músicos cubanos que tiene las ideas
más claras a la hora de fusionar en los ritmos auténticos de la Isla
desde una mirada universal. Salir detrás de Descemer no es para
cualquiera, pero Kelvis se echó al público en el bolsillo cuando
apeló a varios de sus temas de batalla: La natilla y
Cuando salí de la Habana. Casi en los finales se retiró del
escenario, pero regresó inmediatamente acompañado de X, Descemer y
David Torrens. Y solo unos minutos después elevaron al máximo la
temperatura del público con la energía y riqueza de matices de
Arenas de soledad y En todas partes, canciones compuestas
por X para la banda sonora de la película Habana Blues. Sus
textos volvieron a establecer una fuerte sincronía entre las
diversas generaciones que convivieron en el teatro.