La Organización
Internacional del Trabajo (OIT), asegura que a nivel mundial,
aproximadamente 51 millones de empleos podrían desaparecer para
finales de este año. Esto significa que 230 millones de personas en
todo el mundo podrían quedar cesantes.
La desocupación trae de la mano infinidad de problemas sociales,
fundamentalmente el deterioro en la calidad de vida y lo que ello
significa, cuando al bajar la renta muchas familias ven peligrar su
vivienda, por ejemplo.
Frente al aumento de este flagelo incontrolable, la OIT propone
la creación de planes de rescate para las familias de bajos
recursos, muchas de las cuales están obligadas a vivir con menos de
un dólar diario.
La falta de empleo y la necesidad en los hogares obligarán a que
muchos niños dejen la escuela para trabajar y ayudar a sus familias,
deteriorándose de alguna manera las proyecciones para el futuro.
El fenómeno que hoy se registra y que tiene a millones hundidos
en la desesperanza, no afecta solo a los países pobres o del "tercer
mundo". Según el Banco Mundial (BM), más gente cae en la pobreza en
los países en desarrollo; es decir, que la crisis ocupacional es
global y quienes más sienten los golpes son aquellos que siempre se
sintieron "amos del mundo".
Al respecto, el director del Fondo Monetario Internacional (FMI),
Dominique Strauss-Kahn, señaló que las principales economías se
encuentran en una profunda depresión y sostuvo que lo peor aún
estaba por llegar.
Un dato a tener en cuenta es que al profundizarse la crisis,
muchos países comenzaron a cerrar sus puertas a inmigrantes que,
como siempre ocurre, buscan escapar de la penuria de sus naciones e
intentan trabajar en otras tierras. (Tomado de Rebelión)