Reconocida
es la calidad del voli brasileño. Los sudamericanos han derrochado
coraje y calidad en eventos olímpicos y mundiales, en Ligas y Grand
Prix, mas el mérito no reside únicamente en colmar los podios del
alto rendimiento.
El deporte es mucho más que medallas y títulos. Es fuente de
salud, estimula las mejores virtudes, es educador, forjador de
voluntades. Y, aunque a Brasil se le admira esencialmente en el
ambiente deportivo por su fútbol, el voli, impulsado por sus
triunfos, gana adeptos en su gigantesca geografía.
Por estos días, cuando ese hermana nación celebró el décimo
aniversario de su proyecto social Viva el voli, la
satisfacción era justificada, porque en él están reunidos más de 100
000 niños (entre 7 y 14 años de edad) en la práctica del voleibol,
distribuidos por todo el país en 96 centros, 15 de ellos creados el
pasado año.
Es un esfuerzo de la Confederación Brasileña de este deporte por
socializar a los pequeños; mantenerlos alejados de las drogas y la
criminalidad; para luchar contra la deserción escolar, al mismo
tiempo que insiste en la formación de valores éticos y morales.
Viva el voli apuesta con buen tino por la vida y la
hermandad.