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Patrimonio, historia y cultura se entrelazaron esta noche en París
para las dos horas de conferencia del doctor Eusebio Leal, ante un
auditorio que asistió fascinado a su clase magistral de La Habana
Vieja.
Un encuentro en la sede de la UNESCO, en presencia de la
subdirectora general para la Cultura, Francoise Riviére, el titular
de Patrimonio Mundial, Francesco Bandarín, además de diplomáticos,
intelectuales y periodistas.
Sería poco antes de que el director de la Oficina del Historiador
de La Habana fuese laureado por Riviére con la Medalla del Decenio
Mundial del Desarrollo Cultural, un premio también a la voluntad
política y el compromiso de Cuba con el tema.
De esa manera el embajador cubano ante la relevante agencia de
Naciones Unidas, Héctor Hernández Pardo, sintetizaba en su discurso
de presentación los sentimientos que despierta en la Isla una figura
tan admirada como el doctor Leal.
Lo que representa él mismo expresa claramente que no hay sueño
imposible de alcanzar cuando hay voluntad política, cuando el pueblo
hace suyo ese sueño y lucha por él, argumentó Hernández Pardo.
Luego, la exposición del doctor en Ciencias Históricas, máster en
Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba, y especialista en
Ciencias Arqueológicas, hombre apasionado, de discurso tangible y
elevado.
La defensa de la utopía, la vinculación de antiguos museos y
palacios a la población, la tragedia de la Palma Real, escudo de la
República, y su devastación en el Valle de Viñales tras los
huracanes (de 10 mil a siete).
El optimismo siempre en la poesía que invade el ambiente, como
repitiera esta noche, para sembrar tres o cuatro veces la cantidad
que existía de palmas reales, la mística de las plazas, el terror al
fuego y su alianza indisoluble con los bomberos.
De lo humano y lo divino, con un orgullo contagioso al hablar de
jóvenes inmersos en las empresas restauradoras, obras consagradas a
la sociedad, a personas discapacitadas, de la tercera edad y sobre
todo, a los niños en el amor a la ciudad.
Imágenes que acompañaron la conferencia para dar una cierta idea
de magia, pero del tesón y el denuedo de una labor que Herman Van
Hooff, director regional de Cultura de la UNESCO para América Latina
y el Caribe, no dudara en calificar de ejemplar.