De
los pies a la cabeza y del pasado al presente, Amancio Prada es un
juglar. Y no cualquiera, sino uno de los más respetables e íntegros
exponentes de la juglaresca española contemporánea. Ha venido a Cuba
esta vez como parte del programa Leoneses en La Habana y se
presentará mañana jueves de noche en la sala García Lorca. Y para
mayor dicha artística y acrecentamiento de expectativas, contará con
la colaboración del pianista y compositor José María Vitier.
Lejos de la estridencia y apostando a lo esencial se ubica la
obra de Prada, leonés de Dehesa que a punto de completar sus
primeras seis décadas de existencia y los 35 años de su estreno
discográfico con Vida e morte, conjuga una indiscutible
vocación universal con el latido de la poesía de su tierra.
En su música, los poetas cobran una nueva voz. Así sucedió con la
gallega Rosalía de Castro y el místico San Juan de la Cruz. El disco
de Prada que contiene el Cántico espiritual se considera con
sobrada razón una obra de culto. La versión más completa de este
trabajo se encuentra en Canciones del alma, un disco-libro
que incluye nuevos poemas musicalizados del célebre bardo de La
noche oscura.
Obviamente, la órbita de Prada no es la del espectáculo. Antepone
lírica y música al esplendor de la escena. Ha dado varias vueltas
por el mundo, siempre bajo el signo del máximo rigor. El mismo signo
con que debe presentarse este jueves en La Habana.