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El gobierno boliviano ratificó hoy el avance de la reforma agraria
iniciada en 2006, ante el rechazo y las acciones de desobediencia
civil anunciadas por empresarios del sector agropecuario.
Continuaremos el proceso pésele a quien le pese, advirtió el
directivo del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) Juan de
Dios Fernández.
De acuerdo con el funcionario, la legalización de tierras y el
establecimiento de su adecuado uso económico-social enfrentan
poderosos intereses.
Tenemos conciencia de lo difícil que será materializar la
revolución en el sector, considerando la postura intransigente de
latifundistas y enemigos del cambio, señaló a la prensa.
Según Fernández, la situación más compleja es en la región de
Alto Parapetí, departamento de Santa Cruz, donde es mayor el llamado
a resistirse a la campaña gubernamental.
Terratenientes incluso han acudido a la violencia para frenar la
reforma en lugares en los cuales detectamos personas sometidas a
condiciones de servidumbre, recordó.
Para el representante del INRA, la negativa de empresarios a
asumir el proceso agrario debería canalizarse por vías legales y no
mediante la fuerza.
Fernández fijó para 2009 la meta de titular nueve millones de
hectáreas.
En tres años de trabajo logramos abarcar el 30 por ciento de la
superficie nacional (unas 110 millones de hectáreas), mucho más de
lo alcanzado en la última década de gobiernos neoliberales,
significó.