EL CAIRO, 11 de febrero (PL).— Indiferencia y, a lo sumo,
escepticismo, prevalecen hoy entre palestinos de Cisjordania y la
Franja de Gaza, sentimientos palpables también en la mayoría de
países árabes donde se espera poco o nada del futuro gobierno
israelí.
Los líderes del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) Osama
Hamdan, radicado en el Líbano, y Fawzi Barhoum, en Gaza, afirmaron
que sólo vislumbran más de lo mismo en la política de Israel.
Hamdan dijo esperar poco de la administración que emerja de las
negociaciones que ya se antojan complicadas entre los partidos
Kadima y Likud, pues apenas se diferencian y el programa electoral
de ambas fuerzas es muy similar.
Resultados aún preliminares de los comicios del martes en el
estado judío otorgan a la actual canciller, Tzipi Livni, líder del
Kadima, 28 escaños en la Knesset o parlamento (de 120).
El conservador Benjamín Netanyahu, jefe del Likud, aparece detrás
con 27 asientos, seguido del ultranacionalista Avigdor Lieberman, de
Yisrael Beiteinu (15), lo cual hace creer que el futuro ejecutivo lo
integrarán los sectores más radicales, por lo general antipalestinos.
En principio, Netanyahu parece que podrá sumar 65 curules a
partir de alianzas con ultraderechistas y ultrarreligiosos, mientras
Livni alcanzaría sólo 55, si consigue retener a su lado a 11
diputados árabes que le retiraron la confianza tras conocer los
resultados.
Por su parte, Barhoum valoró a Gaza como la primera víctima de la
demagogia electoral de los candidatos israelíes, y aseguró no ver
diferencia entre los partidos sionistas, término en el que incluyó a
Livni, Netanyahu, Lieberman y Ehud Barak, líder de los laboristas.
Ya los conocemos desde hace muchos años y todos han masacrado al
pueblo palestino, apuntó el dirigente islamista al opinar que todas
esas fuerzas se lanzaron a una carrera desmedida para demostrar cuál
era el más extremista con los palestinos a fin de ganar los
comicios.
Mientras ciudadanos en Gaza y Cisjordania vaticinaron que el
próximo gobierno israelí será incapaz de traer la paz, Barhoum
alertó de que la votación podría tener graves consecuencias en las
negociaciones indirectas que tienen lugar en El Cairo.
La capital egipcia es escenario de contactos bilaterales, por
separado entre israelíes e islamistas palestinos para conseguir un
acuerdo de cese del fuego duradero en Gaza, tras la devastadora
ofensiva militar que dejó más de seis mil 600 muertos y heridos.
Entretanto, Saeb Erekat, jefe de la Autoridad Nacional Palestina
(ANP) para las tratativas de paz con Israel, recordó que Netanyahu
se opone a la creación de un estado palestino independiente, como
prevé la ONU, y sólo habla de ofrecer una ambigua paz económica.
Medios periodísticos palestinos y de otros países árabes destacan
la necesidad de acciones para evitar que el proceso de paz en el
Medio Oriente se convierta en rehén del desenlace de la consulta
israelí.
En opinión de analistas, un gobierno con Kadima sería la opción
menos mala para rescatar el estancado diálogo con la ANP, pero esa
eventualidad se desvanece al recordar que Livni fracasó en octubre
pasado en el empeño de formar un ejecutivo de coalición.
Consultado por el canal qatarí Al Jazeera, un experto regional
consideró que, aún con su cuota de responsabilidad en la reciente
guerra contra Gaza, Livni posee una retórica menos antiárabe y
antipalestina que Likud e Yisrael Beiteinu. Es el mal menor, dijo.
Si bien no se puede hablar de una nueva era, pues no desea
eliminar las colonias judías ni devolver los territorios ocupados,
Kadima defiende la solución de dos estados (uno israelí y otro
palestino) y la continuidad de las negociaciones, como dice querer
Estados Unidos.
De otro lado, la prensa árabe generalmente se mostró clara en que
las elecciones fueron dominadas por la extrema derecha y que el real
vencedor fue Lieberman, con Yisrael Beiteinu, de ahí que crea
razonable esperar una escalada de la tensión regional.
Incluso, rotativos y televisoras libanesas trasmitieron cautela
en sus análisis, pero sugirieron no esperar cambios en las
relaciones de Beirut con Tel Aviv, menos aún respecto al grupo
chiíta Hizbulah (Partido de Dios) o a los también islamistas de
Hamas.
La preocupación se extiende además a Siria, cuyo gobierno mira
con mucho más desesperanza la devolución por Israel de los Altos del
Golán, tomando en cuenta lo dicho por Netanyahu y el hecho de que
uno de los escasos temas domésticos de la campaña fue la escasez de
agua.