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Altos dignatarios de la iglesia católica colombiana se manifestaron
hoy aquí a favor de un diálogo entre el gobierno y la guerrilla para
la liberación de retenidos y avanzar hacia la paz.
El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Fabián
Marulanda, señaló que por el bien de la paz y la liberación de los
retenidos se deben hacer sacrificios y el gobierno sentarse a
dialogar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
En declaraciones a Caracol TV, Marulanda dijo que en busca de un
acuerdo las partes involucradas en el conflicto deben sentarse a
negociar y como es lógico cada una hacer concesiones.
El prelado se pronunció por un intercambio que incluya la
liberación de los retenidos de las FARC y de guerrilleros presos en
las cárceles del gobierno.
Por su parte, monseñor Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja,
afirmó que hay que matar el conflicto armado y ello se consigue a
través de una solución dialogada.
Puntualizó que se trata de tener la osadía de entrar en contacto
y en diálogo directo con el mismísimo enemigo. Y esto vale para
ambos lados.
El religioso hizo estas reflexiones en un artículo publicado en
el diario El Tiempo, en el cual añade que ello exige disponibilidad
para defender enérgicamente lo esencial y ceder en algunos aspectos
secundarios, aunque parezcan tan importantes.
Al respecto pregunta si no sería este el momento oportuno para
que el Gobierno intentara un diálogo directo con las FARC y con ello
un nuevo aire soplaría en el país, en el Palacio de Nariño y frente
a la comunidad internacional.
Tras las liberaciones de seis personas por las FARC la semana
pasada, el tema del diálogo entre gobierno y guerrilla ha vuelto a
centrar la atención en el país.
Este lunes, en un comunicado publicado en la Web de la senadora
Piedad Córdoba, las FARC reiteraron su interés en avanzar hacia un
acuerdo que permita un canje humanitario de prisioneros.
El presidente Álvaro Uribe, por su parte, reiteró la víspera la
disposición del gobierno a dialogar y llegar incluso a un canje de
prisioneros.
Sin embargo, puso como condición que los guerrilleros presos que
eventualmente fueran liberados no retomen las armas y se conviertan
en gestores de paz.