Voces de la radio

PEDRO DE LA HOZ

Cuentan en Bayamo que el animal de tiro de un carruaje quedó paralizado cuando una noche la voz de Bebito Navarro estremeció las piedras de la antigua e histórica ciudad. La bestia nunca había oído una emisión vocal tan rotunda y poderosa. Los oyentes sí. En la región oriental el locutor sanluisero es un mito. Ya fuese en el anticipo de una noticia, en el anuncio de una nueva programación o en esos infaltables espacios donde la armonía de los tríos se enlaza con la recitación de clásicos de romanticismo, Julián Ercilio Navarro Coello, hizo época.

Foto:  JONATHAN WATTSBebito Navarro, Luis Alarcón Santana e Ibrahim Apur, gente de radio.

Con la esquina de los 80 años superada, el cuerpo un poco estragado pero la memoria y la voz intacta, Bebito, laureado con el Premio Nacional de la Radio, tiene mucho que aportar a las promociones emergentes de la locución.

¿Todo depende de la calidad de la voz? "De ningún modo. La voz se educa, la dicción se entrena y la cultura es lo fundamental". ¿Alguna clave para la comunicación? "El respeto al radioyente". ¿Un secreto para recitar versos? "Estudiar y sentir la poesía. El declamador es un instrumento que media entre el poeta y el receptor". ¿Razón ética del locutor? "La modestia. Que la fama nunca te suba a la cabeza".

Este credo de Navarro Coello se halla avalado por el oficio, la entrega y la sensibilidad de un hombre que trabajó en la industria azucarera y solo cuando su vecino, el también maestro Ibrahim Apur, lo convenció para que se profesionalizara, se inició, para ya nunca abandonar, los avatares frente al micrófono en las radioemisoras santiagueras y en Radio Habana Cuba.

Emotivo fue el encuentro este último fin de semana entre Bebito y el moro Ibrahim. Hija y yerno de Navarro mediante—Nazli y Jonathan—, con el decorado del Café TV de fondo en los bajos del Focsa, la cita rescató pasajes de la memoria y, cuando llegaron a compartir recuerdos los Alarcón Santana —Luis y los Marlon—, surgió la inquietud de por qué la gente de radio no tiene un sitio en la ciudad que haga visible la tradición del medio y dentro de este la locución, quizás en el entorno de Radio Progreso, por donde se ve deambular a leyendas vivas como Eduardo Rosillo y Julio Batista.

Bebo Navarro concuerda: "Todos nos oyen. Nadie nos ve. Pero detrás de la voz están personas y frente a la radio esos tantos miles a quienes nos debemos".

 

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