Con la esquina de los 80 años superada, el cuerpo un poco
estragado pero la memoria y la voz intacta, Bebito, laureado con el
Premio Nacional de la Radio, tiene mucho que aportar a las
promociones emergentes de la locución.
¿Todo depende de la calidad de la voz? "De ningún modo. La voz se
educa, la dicción se entrena y la cultura es lo fundamental".
¿Alguna clave para la comunicación? "El respeto al radioyente". ¿Un
secreto para recitar versos? "Estudiar y sentir la poesía. El
declamador es un instrumento que media entre el poeta y el
receptor". ¿Razón ética del locutor? "La modestia. Que la fama nunca
te suba a la cabeza".
Este credo de Navarro Coello se halla avalado por el oficio, la
entrega y la sensibilidad de un hombre que trabajó en la industria
azucarera y solo cuando su vecino, el también maestro Ibrahim Apur,
lo convenció para que se profesionalizara, se inició, para ya nunca
abandonar, los avatares frente al micrófono en las radioemisoras
santiagueras y en Radio Habana Cuba.
Emotivo fue el encuentro este último fin de semana entre Bebito y
el moro Ibrahim. Hija y yerno de Navarro mediante—Nazli y Jonathan—,
con el decorado del Café TV de fondo en los bajos del Focsa, la cita
rescató pasajes de la memoria y, cuando llegaron a compartir
recuerdos los Alarcón Santana —Luis y los Marlon—, surgió la
inquietud de por qué la gente de radio no tiene un sitio en la
ciudad que haga visible la tradición del medio y dentro de este la
locución, quizás en el entorno de Radio Progreso, por donde se ve
deambular a leyendas vivas como Eduardo Rosillo y Julio Batista.
Bebo Navarro concuerda: "Todos nos oyen. Nadie nos ve. Pero
detrás de la voz están personas y frente a la radio esos tantos
miles a quienes nos debemos".