Generalización de resultados

En busca del arca perdida

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Desde la aplicación de la Reforma Universitaria en 1962, la investigación científica pasó a formar parte inseparable de la cotidianidad de los centros de educación superior del país, junto con la docencia.

Para Luis Alberto Montero, la generalización de los resultados científicos está lejos de los niveles deseables.

Con sus altas y bajas, aquella inédita práctica en el ámbito nacional brindó las oportunidades para que miles de jóvenes se montaran al carro de la creación de nuevos conocimientos en las más disímiles ramas del saber. Así pudo desarrollarse un capital humano inestimable.

Ello explica, por ejemplo, que en los últimos años la Universidad de La Habana aporte como promedio entre un 25 y un 30% de los premios nacionales otorgados anualmente por la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), a los resultados más relevantes.

Al igual que otros centros de la educación superior, la Universidad de La Habana dispone de un rico potencial de investigadores jóvenes.

¿Quiere esto decir que hacer ciencia en la casa de altos estudios transcurre sobre un lecho de rosas? ¿Se generalizan realmente sus impactos?

Para buscar respuesta a tales interrogantes, Granma conversó con el Doctor en Ciencias Luis Alberto Montero, presidente del Consejo Científico de la Universidad de La Habana, profesor titular de la Facultad de Química y autor de casi 140 artículos, la mayoría de ellos publicados en revistas internacionales especializadas de primer nivel.

"Sin duda alguna contamos en la UH con un potencial científico y académico integrado por más de 1 700 investigadores y profesores, con muchos deseos de hacer, generar ideas, y tributar soluciones a los problemas de la economía y la sociedad. El factor subjetivo está de nuestra parte.

Foto: Ricardo lópez heviaEl doctor Luis Montero, en un laboratorio de la Facultad de Química, junto a una joven investigadora.

"Pero si vemos el asunto desde el plano de la objetividad estamos peor, incluso, que hace cinco, diez o quince años, pues sigue el declive de las instalaciones y laboratorios, de las redes hidráulicas; muchas veces las condiciones de los locales de trabajo de quienes investigan no son las más adecuadas, y eso puede desalentar a la gente.

"Ahora empezamos a ver algunas luces en el horizonte con el inicio de la reparación capital del emblemático edificio de la Facultad de Física, y otras obras planificándose.

Para el doctor Montero, la introducción, y generalización, de los logros científicos obtenidos en los centros adscritos a la Universidad de La Habana, está bien lejos de los niveles deseables, como sucede en la mayor parte del país.

"Salvo en las entidades del Polo Científico del Oeste, regidas por el concepto de trabajo a ciclo completo (investigación-desarrollo-producción a escala industrial y comercialización), en el resto de la actividad científica nacional no hemos encontrado aún el mecanismo o esquema que posibilite aplicar con la debida celeridad y eficacia el inmenso cúmulo de resultados creados por nuestros especialistas en el transcurso de tantos años, los cuales pueden suplir buena parte de las carencias de la población, sustituir importaciones y aportar mucho al dinámico desarrollo de las fuerzas productivas, una de las demandas que nos ha hecho recientemente la máxima dirección del país.

"No hay forma en nuestro sistema económico de que el sector productivo y de servicios sienta la necesidad de interactuar con la ciencia para buscar en las universidades y en los centros investigativos la constante innovación que exige una economía moderna y eficiente, ni tampoco está instrumentado cómo estos últimos pueden garantizar el suministro de los recursos y renglones especializados que se requiere para ello. Por eso, al final se prefiere acudir al mercado internacional, donde encuentran el adelanto científico o tecnológico ‘llave en mano’, aunque frecuentemente a un precio más elevado."

Dos ejemplos de la casi tricentenaria institución dan fe del desaprovechamiento del potencial científico. A principios de la década del 90 del pasado siglo, especialistas del Centro de Estudios de Productos Naturales de la Facultad de Química obtuvieron un estimulador del crecimiento de las cosechas de papas, vegetales, flores y otros cultivos, denominado Biobras 16.

Tiene registro de patentes en diferentes partes del mundo y está introducido en España, Colombia y otros países, con resultados muy favorables. En Cuba apenas se utiliza.

Similar panorama existe con el multipremiado Tisuacryl, adhesivo tisular para sellar, en tejidos no tensionados, heridas cutáneas y del complejo bucal de origen traumático y quirúrgico, en sustitución del hilo de sutura, desarrollado por el Centro de Biomateriales de la UH. Su generalización aún es una quimera.

De no cambiar esta situación cabría preguntarse si realmente podemos aspirar a que nuestra sociedad pueda llegar a vivir de sus producciones intelectuales, como planteó Fidel hace unos años. El tema tiene mucha tela por donde cortar.

 

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