Los disturbios comenzaron cuando la Policía ultimó a uno de los
manifestantes en una demostración callejera, encabezada por
Rajoelina, contra el cierre de su emisora televisiva VIVA. El
alcalde, que ahora amenaza con imponer un gobierno de transición al
frente del cual se autoproclamó, para el que ha solicitado a la
comunidad internacional apoyo militar, acusó a Ravalomanana de
malversar fondos públicos y de "amenazar la democracia", limitando
la libertad de expresión.
El incendio del edificio de la estación de radio y la televisión
públicas, que parecía ser el epílogo de aquella protesta, se
convirtió en hecho cotidiano de los días siguientes, en los cuales
decenas de tiendas, oficinas y otros negocios también fueron
siniestrados.
Los vándalos arremetieron contra las sedes de varias empresas
relacionadas con el jefe de Estado, e incluso, la casa del portavoz
presidencial, Moxe Ramandimbilahatra, fue incendiada y destruida por
completo.
Solo en un almacén del barrio de Analaqueli, totalmente reducido
a cenizas, los bomberos hallaron al menos 37 cadáveres, aunque el
periódico La Verdad, de Antananarivo, asegura que la cifra de los
fallecidos supera el centenar y los heridos se acercan a 50.
El primer balance de los daños materiales dado a conocer por la
televisión, arrojó que unos 100 edificios quedaron arrasados y miles
de personas perdieron su trabajo, y la Policía reportó la detención
de 92 manifestantes.
Aún sin unanimidad sobre el número de víctimas y el valor de los
daños, los medios coinciden en que en la capital de la mayor isla
del continente africano se viven las peores escenas de violencia en
años, y los disturbios amenazan con extenderse al resto del
territorio: ya se registraron saqueos y muertes en Toliara,
Toamasina, Sambava y Mahajanga. Un grupo de turistas fue asaltado en
un hotel de la ciudad portuaria de Tamatave, en la costa oriental de
la isla, y en Tuléar cinco son los fallecidos, entre los cuales se
encuentra una mujer embarazada, pisoteada por la muchedumbre en un
supermercado.
La ONU y la Unión Africana piden a las autoridades locales
garantizar la protección de la población civil e insisten en que los
partidos malgaches deben solucionar sus diferencias de manera
pacífica.
El Presidente Ravalomanana, por su parte, intenta detener el
deterioro de la situación con un llamado a la unidad nacional y al
diálogo con su rival político, y con la sustitución del jefe de la
Policía Nacional, Luciano Raharijaona, por el general Pily Gilbain,
debido a la actuación de las fuerzas de seguridad durante los
disturbios. De espaldas a todo intento de conciliación, Rajoelina
respondió con la convocatoria a la huelga general y a una nueva
manifestación en la plaza principal capitalina, un recinto cerrado
desde el jueves por las autoridades.
En Madagascar se viven días de desasosiego y la descripción del
escenario resulta cada vez más inquietante. Calles desérticas,
escasez de suministros de primera necesidad, como el aceite y la
harina, y largas filas para conseguir el poco combustible que queda
en los depósitos: calma tensa y quebradiza al borde de la crisis
política.