A
los 85 años de edad, recién cumplidos, con una obra hecha y validada
con el Premio Nacional de Artes Plásticas, Adigio Benítez sigue
siendo una presencia novedosa en el panorama de la creación visual
cubana, como si se acabara de estrenar.
Todas
las etapas de su trayectoria artística se han caracterizado por la
coherencia y el ímpetu. Cuando sintió necesidad de expresar
contenidos épicos, lo hizo con decisión y compromiso desde su línea
ágil y poderosa. Cuando con el tiempo decidió discurrir sobre la
naturaleza del arte y oír voces que desde muy dentro le dictaban
otros derroteros, emprendió un nuevo viaje con el equipaje de un
oficio bien ganado y la humildad reluciente de un verdadero
iniciado.
Con esto quiero decir que la suma de las edades pictóricas y
anímicas de Adigio es la juventud. Una juventud que nos asalta en la
exposición conmemorativa que hace apenas unas horas abrió en la
galería del edificio Beijing, en el Centro de Negocios de Miramar
(planta baja), bajo el título En casas blancas, una serie en
la que ha trabajado durante los últimos años.
Diría que son tres las claves de la juvenilia de nuestro pintor.
De una parte se observa un decantamiento formal en el uso de los
elementos compositivos, como quien aligera el peso de las líneas a
favor de una mayor transparencia en la lectura de cada uno de los
cuadros. De otra, es evidente un proceso de síntesis entre el relato
(lo que pudiera contar la obra) y el símbolo (lo que sugiere). En
tercer lugar, vale el atrevimiento cromático, que incluye con osadía
formulaciones geométricas donde el blanco no es ausencia de
pigmento, sino espacio para la expansión de su cromatismo. Todo eso
es indicador de caminos que se abren desde la plenitud.
Otra prueba del poder de convocatoria de Adigio se tuvo en las
demostraciones de admiración y respeto por su obra que recibió en la
inauguración de la muestra. Artistas de por lo menos cuatro
generaciones arroparon al maestro. Y no faltaron entrañables
compañeros de ruta: el miembro del Comité Central del Partido, Jorge
Risquet, y el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, Tubal
Páez.