Encuesta

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Aplaudo a los que respondieron, pero luego de estarlo meditando me abstuve de contestar por temor, principalmente, a las inevitables trampas de la memoria selectiva.

No le falta ambición a la encuesta promovida por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica: seleccionar los diez mejores filmes de ficción, documentales y dibujos animados realizados a lo largo de los cincuenta años que se cumplen en el marzo venidero de haberse fundado el ICAIC (sin olvidar el cine hecho fuera de ese organismo, por supuesto).

Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea.

Elegir, igualmente, los diez mejores guiones, fotografías, trabajos de edición, partituras musicales, dirección de arte y bandas sonoras que vieron la luz en el último medio siglo del cine nacional. Y, como si fuera poco, escoger los mejores carteles, las frases más célebres y las secuencias más notables.

Un trabajo digno de dioses convocados, casi pudiera alegarse, el tratar de recordar filmes apreciados cuando uno tenía 32 de cintura y corría cinco pistas con el aliento inalterable del que hoy camina solo un par de cuadras.

Todas las encuestas de este tipo resultan discutibles, e interesantes al mismo tiempo, porque si bien ––y es el caso que nos ocupa— es imposible ser absolutamente objetivos en tan vasta empresa, tanto la suma de las opiniones como las polémicas que ellas pudieran desencadenar serían, cuando menos, un buen homenaje a nuestra cinematografía.

Son muchos los factores que influyen a la hora de redactar una lista de lo más significativo y filmes, secuencias y diálogos que una vez nos marcaron, vistos veinte años después, pudieran resultarnos intrascendentes o, por el contrario, todavía mejores.

¿Cómo calificar en los días actuales la estremecedora frase de "dame una gardenia, mamá", pronunciada por Raquel Revuelta en la Lucía, de Humberto Solás?

El tiempo, se ha dicho cien veces, es el gran juez. ¿Pero marchamos todos nosotros al compás de ese tiempo, o en ocasiones congelamos preferencias signadas por estados de ánimo, efervescencias juveniles o el indiscutible peso de la reiteración divulgativa?

Muy pocos dudarían que Memorias del subdesarrollo, el clásico de Gutiérrez Alea, encabezaría la lista de las diez mejores películas pero, ¿y la escena? Hasta hace un mes hubiera contestado, al igual que el ochenta o el noventa por ciento de los cubanos, que la más significativa de todas es esa que aparece en la presentación del programa Historia del cine donde Sergio, burgués distanciado en su atalaya, atisba el mundo de los "otros" desde su catalejo. Vista de nuevo la película hace varias semanas, la que más me conmovió, por la atmósfera de desamparo que redondea, es la escena en la que el protagonista camina solo en medio de un día invernal y un golpe de aire le cierra la solapa del saco. ¿O acaso sea esa otra, captada a lo lejos y desde lo alto, en el que la figura del personaje va agrandándose hasta terminar diluida en medio de la calle?

Los sobrevivientes, también de Alea, fue una cinta recibida sin mucho entusiasmo en sus días de estreno. En los ochenta, en una entrevista que le realizara para estas mismas páginas, su director llegó a confesarme que no había quedado satisfecho con ella porque "algunas cosas" no le salieron en imágenes como las había concebido. Y sin embargo, el tiempo, ese también dios del misterio en menesteres del arte, la ha ido rescatando para la posteridad y por cada año que pasa le hace aumentar su valía, al punto de que dudo que muy pocos dejarían de citarla hoy en la lista de marras.

Aplaudo a los que, memoriosos o no, se zambulleron en los riesgos y tiempo dedicado que demandaba la encuesta. Ya saldré a buscar los resultados cuando la revista Cine Cubano, tal como se anuncia, los publique para satisfacción de los que coincidan y reparos de los que hubieran votado otra cosa

 

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