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Formación de oficiales de las FAR
Un arma de largo alcance
LÁZARO DE JESÚS
Guerra avisada no mata a soldado,
reza el refrán, pero¼ ¿realmente existe
advertencia capaz de salvaguardar vidas ante los desafueros de un
conflicto bélico? Los palestinos conocen bien la respuesta: la
muerte no entiende de anuncios y en el marasmo de explosivos, no
existe consuelo para calmar las penas.
Contar
con la técnica en la escuela es una ventaja muy importante que los
alumnos aprovechan al máximo.
Aún así, prevenir es de sabios y ante el peligro lo mejor es
prepararse. Por eso, para el cadete Renato Roldán Soler, estudiante
de quinto año de Ingeniería en Telecomunicaciones y Radioelectrónica,
la salida en campaña que realizan, pocos meses antes de graduarse,
en condiciones similares a las de una guerra, es una oportunidad
extraordinaria de alistar la mente y los músculos para enfrentar
situaciones extremas.
En estas maniobras que buscan incrementar la cohesión combativa,
los de años terminales ocupamos cargos primarios en las distintas
unidades militares, sustituyendo a los oficiales, para ir ganando en
conocimientos prácticos, señala el joven camagüeyano. Claro,
previamente ya hemos incursionado varias veces en el terreno como
parte de los concentrados habituales, por tanto llegamos capacitados
a la salida en campaña, apunta.
El
simulador de vuelos resulta una herramienta muy útil para los
futuros pilotos.
Para los futuros oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR), esta rigurosa experiencia corona un cúmulo de ejercicios
emprendidos durante toda una carrera de ardua preparación física,
académica y cultural en el Instituto Técnico Militar José Martí, un
centro de educación superior de las FAR con una rica historia en la
formación de oficiales y en el desarrollo de investigaciones de
interés para la defensa.
Crisol de ideales
Enclavada en los edificios del antiguo Colegio de Belén, la
cuarta universidad fundada en el país y la primera de la Revolución,
contó durante su acto de inauguración, el primero de febrero de
1967, con la presencia y la oratoria de un sobresaliente estudiante
de la escuela jesuita en la década del 40, del cual uno de los
sacerdotes escribió que era una verdadera promesa, se trataba de
Fidel Castro Ruz.
Como un tesoro histórico y uno de sus mayores orgullos, la
institución conserva aún pertenencias, fotos y objetos de cuando el
Comandante en Jefe cursó sus estudios de bachillerato en el centro,
donde "la fe, la capacidad de razonar, de pensar, de analizar, de
meditar y la capacidad de desarrollar un sentimiento, es lo que hace
posible que yo vaya adquiriendo ideas revolucionarias", según revela
Fidel en la famosa entrevista concedida a Frei Betto.
Construido en 1923, a un costo de más de un millón y medio de
dólares, el inmueble destaca arquitectónicamente por un peculiar
estilo ecléctico y una monumentalidad que, según sus moradores,
convoca a la concentración en el estudio, el equilibrio espiritual y
la disciplina en todos los órdenes.
Por sus aulas pasaron otras importantes personalidades criollas
como los hermanos Manuel y Virgilio Gómez, asesinados por la
dictadura batistiana, y el internacionalista Octavio de la
Concepción y de la Pedraja, caído en tierras bolivianas.
Esta universidad ha graduado a miles de profesionales, no solo
para las FAR, también para otros organismos de la Administración
Central del Estado.
Según el coronel Daniel Llizo González, subdirector docente, el
centro fue pionero en la realización de estudios de posgrado y desde
1987 —por acuerdo de la Comisión Nacional de Grados Científicos—
comenzó a formar doctores en Ciencias Técnicas y Naturales.
La teoría de la praxis
Actualmente, los alumnos de las escuelas militares Camilo
Cienfuegos aportan el 80 por ciento de la matrícula de la
institución (de ellos alrededor de un tercio mujeres), que estudian
11 especialidades, divididos en tres facultades: Defensa Antiaérea y
Tropas Radiotécnicas, Aviación y Armamento, y Comunicaciones de
Inteligencia Militar y Lucha Radioelectrónica. Casi todas las
carreras tienen, asimismo, una versión de nivel medio, en cursos de
dos años.
El sistema de enseñanza se basa en adiestrar a expertos de perfil
amplio, con elevados conocimientos teóricos, habilidades en el
trabajo con la técnica y una sólida preparación político-ideológica,
identificada con la Doctrina Militar de la Guerra de Todo el Pueblo.
Para ello, cuenta con un claustro altamente calificado, polígonos
y aulas especializadas, campos de tiro y modernos laboratorios de
Computación, Física, Mecánica, Termodinámica, Electromagnetismo y
Óptica, entre otros, así como con un programa de prácticas en las
propias instalaciones de las FAR.
Aquí la preparación es muy ardua, requiere sacrificios, explica
el cadete Juan Manuel Valdés Díaz, estudiante de Ingeniería
Radioelectrónica en Defensa Antiaérea y aspirante a Título de Oro.
Salimos bastante al terreno, recibimos clases prácticas y hemos ido
aumentando nuestro nivel profesional, significa. "Ahora, a punto de
graduarme, he alcanzado una sólida base teórica y práctica para el
futuro desarrollo de mi trabajo".
Similar concepción tiene el cadete Roldán Soler, quien enfatiza
en la importancia estratégica de mantenerse al tanto de los avances
tecnológicos. "Las FAR tienen que estar en lo último, porque tenemos
un enemigo muy poderoso". Por eso, muchos de nuestros oficiales
jóvenes enrumban su perfil de investigación hacia el desarrollo de
las técnicas; aunque, agrega, es válido especificar que nuestro
programa de estudios está acorde con las exigencias del combate
moderno y del que desarrollaremos en caso de una agresión.
Sin perder la ternura
Para la cadete Gleisy Álvarez García, alumna del cuarto año de
Ingeniería Radioelectrónica en Tropas Radiotécnicas, ser mujer y
estudiar en esta universidad es un orgullo. Las mujeres aquí,
afirma, somos muy abnegadas y sacrificadas. La preparación es muy
fuerte, reconoce, pero consolida la integridad de la persona.
Esta cienfueguera, de Aguada de Pasajeros, asegura que la
disciplina y el rigor no le restan atributos femeninos. Tenemos
tiempo para arreglarnos, maquillarnos, realizar todas las
actividades de embellecimiento, subraya. Además, te sientes más
preparada, por las asignaturas recibidas, el modo de vida, y las
actividades diarias, que no hacen las jóvenes que estudian en
universidades no militares, dice. "Ser mujer y pertenecer a las FAR
para mí significa vida".
La cadete Claribel Duarte Espuria apoya a su compañera de
facultad y opina que estudiar Defensa Antiaérea en el ITM le ha
fortalecido el carácter y ofrecido una visión distinta de la
sociedad y de cómo enfrentarse a los problemas. A pesar de no tener
antecedentes militares en su familia y provenir de un
preuniversitario civil, no se arrepiente de la decisión tomada, pues
"después de cursar una carrera militar, uno refuerza su espíritu
revolucionario".
Las mujeres entre nosotros tienen una cierta prioridad, advierte
el capitalino Alejandro Márquez García, de segundo año de Ingeniería
Mecánica en Motor y Estructura de Aviones. Los valores de
solidaridad y compañerismo que nos vamos formando hacia ellas, nos
hacen honrarlas, añade. La atención a la mujer es diferenciada en
todos los sentidos, concluye el alumno, jefe de pelotón y secretario
general del Comité UJC de su facultad.
Lo cierto es que el ITM, 42 años después de su fundación, sigue
forjando oficiales de alta calificación científica y mejor
preparación militar. Promover en todos sus estudiantes y profesores
un profundo sentido de pertenencia resulta una conquista admirable y
elocuente del trabajo mancomunado de muchos, en pos de infundir a
las nuevas generaciones el verdadero sentido de nuestra tradición de
lucha. |