Cuando el enero de 1959 trajo al mundo la Revolución cubana,
Vicentina Antuña estaba próxima a cumplir 50 años. De aquella hora
la catedrática escribiría:
"Llegó así el día de la victoria (¼ )
en el que se inicia el difícil proceso de construcción de una nueva
vida, de una nueva sociedad (¼ ). Es
ahora, en la etapa de edificación del socialismo, cuando se nos hace
evidente que la plena equiparación de derechos económicos, políticos
y sociales del hombre y la mujer, solo es posible en el seno de la
sociedad socialista."
La cuestión femenina, como se palpa en el texto citado, fue una
preocupación constante para la destacada catedrática desde sus
tiempos de juventud, cuando protagonizó la organización del
paradigmático Tercer Congreso Nacional de Mujeres, en 1939.
Con motivo del centenario de su natalicio, la Federación de
Mujeres Cubanas, con la cual tanto colaboró, le dedicó ayer una
tarde de conferencias a cargo de los panelistas María Dolores Ortiz,
Julio César González y Yolanda Ferrer, secretaria general de la
organización.
Una valoración de Vilma Espín, admiradora suya, sirvió para
finalizar el encuentro: Vicentina le entregó a la Revolución "toda
su energía vital de creadora". El peso de su legado a las
generaciones actuales, incluso a aquellas a quienes no regaló
personalmente el caro obsequio de su magisterio, prueba con firmeza
que aquella energía emanaba de un afluente infinito.