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Foro de Davos: otro intento por salvar el capitalismo

DAVOS, SUIZA, 28 de enero (PL).— El Foro Económico Mundial que comenzó hoy aquí, intentará proponer vías para salvaguardar el capitalismo internacional, del que ha sido un defensor desde hace cerca de cuatro décadas.

La decadencia de ese sistema se evidencia cada vez más en el avance de la crisis financiera mundial, que alcanza dimensiones globales, carácter sistémico y golpea la economía real, mientras su duración y salida nadie se atreve a pronosticar.

Como anunciaron organizadores de la cita, más de 40 jefes de Estado, unos dos mil 500 hombres de negocios, líderes empresariales y directivos, se propondrán alcanzar una visión de cómo será el mundo luego de la actual debacle monetaria y crediticia.

Esta crisis es un paciente que está en cuidados intensivos y representa un mundo enfermo de gravedad al que hay que curar de inmediato, dijo en vísperas del evento el presidente del Foro, Klaus Schwab.

El anfitrión también aseveró que en esta ocasión ese fenómeno no tiene precedentes y presenta carácter sistémico, de ahí que haya que ir a la naturaleza y estructura del modelo económico prevaleciente a escala planetaria.

Schwab dijo que el crecimiento económico debe basarse en las necesidades de la población y del planeta, y argumentó que por ello se discutirán nuevos enfoques sobre el agua, el calentamiento global, la energía limpia, agricultura y producción de alimentos.

Tal afirmación no escapó a la suspicacia de analistas y autoridades del mundo subdesarrollado, para quienes sólo se trata de una frase ocasional más, pues es dubitable que los ricos estén dispuestos declinar su objetivo de maximizar sus ganancias.

En el Foro se examinarán también la reconstrucción del sistema financiero y su estabilidad, una regulación efectiva global, regional y en cada país, y encarar desafíos para el desarrollo sostenible.

La globalización neoliberal, modelo del capitalismo de las últimas décadas y fuente de montos financieros especulativos, es excluyente y busca por encima de todo mayor plusvalía y ganancias, y provoca índices astronómicos de pobreza, hambre y enfermedades.

Para no pocos resulta difícil cómo la élite del capitalismo mundial representada en Davos podrá contribuir a la materialización de esas propuestas, sin renunciar a sus objetivos inherentes al sistema, en primer lugar la búsqueda de plusvalía a toda costa.

Resulta incompatible con los loables objetivos proclamados por Shcwab, la existencia hoy de una realidad según la cual el 20 por ciento de la población mundial, representa el 86 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del planeta.

También sería inexplicable en virtud de la concepción neoliberal, modificar un panorama en el cual el 80 por ciento de las exportaciones están en manos de esa minoría demográfica.

Será además difícil de imaginar el cambio en un país opulento como Estados Unidos, cuyo PIB es superior al global de más de 40 de las naciones más pobres.

¿Qué propuestas hará el Foro, a la luz de sus concepciones, para evitar diferencias tan abismales como la de que en cualquier país desarrollado el ingreso per cápita anual, respecto de uno pobre, sea del entorno de 25 mil dólares y 300 dólares, respectivamente?

Como resultado de la crisis el número de hambrientos se incrementó notablemente en el mundo y hoy son más de 950 millones los seres que viven en condiciones de pobreza y exclusión.

No hay que estar en Davos para intuir el sesgo que tendrá la economía en un mundo en el que esos males crecen y son ya insoportables para la mayoría de las naciones que los sufren, amén del agravamiento de las condiciones ecológicas que amenazan la supervivencia humana.

Asistimos hoy al ocaso del paradigma de la economía de mercado como vía para lograr el desarrollo, y del llamado Primer Mundo, encabezado por Estados Unidos, como modelo de bienestar.

Hasta el momento fracasaron todas las medidas adoptadas por esa potencia, incluso en coordinación con las naciones industrializadas de Europa y Japón, también en profunda depresión, las cuales no han arrojado saldo favorable alguno, pues crecen los indicadores de la crisis.

La única solución aparente es un nuevo orden económico internacional que permita reglas justas en el comercio, contribuya al desarrollo y una adecuada distribución de las riquezas, y sea un modelo económico solidario el que prevalezca en el orbe.

 

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