.— El Foro Económico
Mundial que comenzó hoy aquí, intentará proponer vías para
salvaguardar el capitalismo internacional, del que ha sido un
defensor desde hace cerca de cuatro décadas.
La decadencia de ese sistema se evidencia cada vez más en el
avance de la crisis financiera mundial, que alcanza dimensiones
globales, carácter sistémico y golpea la economía real, mientras su
duración y salida nadie se atreve a pronosticar.
Como anunciaron organizadores de la cita, más de 40 jefes de
Estado, unos dos mil 500 hombres de negocios, líderes empresariales
y directivos, se propondrán alcanzar una visión de cómo será el
mundo luego de la actual debacle monetaria y crediticia.
Esta crisis es un paciente que está en cuidados intensivos y
representa un mundo enfermo de gravedad al que hay que curar de
inmediato, dijo en vísperas del evento el presidente del Foro, Klaus
Schwab.
El anfitrión también aseveró que en esta ocasión ese fenómeno no
tiene precedentes y presenta carácter sistémico, de ahí que haya que
ir a la naturaleza y estructura del modelo económico prevaleciente a
escala planetaria.
Schwab dijo que el crecimiento económico debe basarse en las
necesidades de la población y del planeta, y argumentó que por ello
se discutirán nuevos enfoques sobre el agua, el calentamiento
global, la energía limpia, agricultura y producción de alimentos.
Tal afirmación no escapó a la suspicacia de analistas y
autoridades del mundo subdesarrollado, para quienes sólo se trata de
una frase ocasional más, pues es dubitable que los ricos estén
dispuestos declinar su objetivo de maximizar sus ganancias.
En el Foro se examinarán también la reconstrucción del sistema
financiero y su estabilidad, una regulación efectiva global,
regional y en cada país, y encarar desafíos para el desarrollo
sostenible.
La globalización neoliberal, modelo del capitalismo de las
últimas décadas y fuente de montos financieros especulativos, es
excluyente y busca por encima de todo mayor plusvalía y ganancias, y
provoca índices astronómicos de pobreza, hambre y enfermedades.
Para no pocos resulta difícil cómo la élite del capitalismo
mundial representada en Davos podrá contribuir a la materialización
de esas propuestas, sin renunciar a sus objetivos inherentes al
sistema, en primer lugar la búsqueda de plusvalía a toda costa.
Resulta incompatible con los loables objetivos proclamados por
Shcwab, la existencia hoy de una realidad según la cual el 20 por
ciento de la población mundial, representa el 86 por ciento del
Producto Interno Bruto (PIB) del planeta.
También sería inexplicable en virtud de la concepción neoliberal,
modificar un panorama en el cual el 80 por ciento de las
exportaciones están en manos de esa minoría demográfica.
Será además difícil de imaginar el cambio en un país opulento
como Estados Unidos, cuyo PIB es superior al global de más de 40 de
las naciones más pobres.
¿Qué propuestas hará el Foro, a la luz de sus concepciones, para
evitar diferencias tan abismales como la de que en cualquier país
desarrollado el ingreso per cápita anual, respecto de uno pobre, sea
del entorno de 25 mil dólares y 300 dólares, respectivamente?
Como resultado de la crisis el número de hambrientos se
incrementó notablemente en el mundo y hoy son más de 950 millones
los seres que viven en condiciones de pobreza y exclusión.
No hay que estar en Davos para intuir el sesgo que tendrá la
economía en un mundo en el que esos males crecen y son ya
insoportables para la mayoría de las naciones que los sufren, amén
del agravamiento de las condiciones ecológicas que amenazan la
supervivencia humana.
Asistimos hoy al ocaso del paradigma de la economía de mercado
como vía para lograr el desarrollo, y del llamado Primer Mundo,
encabezado por Estados Unidos, como modelo de bienestar.
Hasta el momento fracasaron todas las medidas adoptadas por esa
potencia, incluso en coordinación con las naciones industrializadas
de Europa y Japón, también en profunda depresión, las cuales no han
arrojado saldo favorable alguno, pues crecen los indicadores de la
crisis.
La única solución aparente es un nuevo orden económico
internacional que permita reglas justas en el comercio, contribuya
al desarrollo y una adecuada distribución de las riquezas, y sea un
modelo económico solidario el que prevalezca en el orbe.